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Editorial

Miremos lo de Brasil

ACTUALIZADO 08.10.2018 - 5:58 pm

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Las elecciones presidenciales en Brasil arrojaron un resultado que obliga a una segunda vuelta. Bolsonaro, el candidato de la derecha, no pudo alcanzar el 50 más uno de los votos, quedando en 46 %, mientras que el candidato de la izquierda, Haadad, con el apoyo de Lula desde la cárcel, solo logró acumular votos equivalentes a un 29%.
   
La lucha para la segunda vuelta quedó abierta al término de la jornada electoral, enfrentando a dos posiciones contrapuestas: la visión neoliberal extrema que postula una economía de mercado con predominio de la iniciativa privada, con un Estado pequeño y reducido en materia de políticas sociales, en contra de la posición “socialista” que orienta desde la prisión el ex presidente Lula, y que persigue sacar a miles de personas de la pobreza mediante políticas de desarrollo y de asistencia social que procuran en Brasil alcanzar un “estado de bienestar”.
   
La primera concepción, la de derecha, la encarna un candidato que como Bolsonaro, adorna esa posición neoliberal con una personalidad sociópata, autoritaria y deshumanizada, cargada de de ideas prejuiciosas contra la mujer, los negros y los pobres, las cuales proyectan a un candidato lleno de odio y de hasta sentimientos criminales. Por eso la eventual victoria de un candidato con esa proyección, coloca a Brasil frente a un futuro peligroso e incierto que evoca los tiempos de las dictaduras de los “gorilas” y que no solo atenta contra el estado de derecho y la democracia en Brasil, sino también contra la estabilidad y la libertad en toda la América Latina.
   
La emergencia de ese peligro para Brasil surge asociado con todo el movimiento de extrema derecha que se ha incubado en la versión extrema del capitalismo en su vertiente neoliberal y que fuera identificado como el “capitalismo salvaje”. Lo propio está ocurriendo en Europa y en el propio EE.UU, donde incluso esa posición extrema atenta no ya contra la democracia, sino también contra la propia “estrategia de la globalización”, propiciadora de los tratados de “libre comercio”, regresando a posiciones “proteccionistas y nacionalistas” radicales, tal como lo ha postulado Trump en el gran país del Norte.
   
La izquierda democrática en Brasil se enfrenta, entonces, a un serio desafío. Y es que para retornar al gobierno después de un “golpe de estado” que marcó la fase inicial del retorno de las derechas al gobierno y el desplazamiento del “socialismo del siglo XXI” que representó Lula en Brasil y Chávez en Venezuela, deberá esa izquierda, un tanto desacreditada por la corrupción, hacer un gran esfuerzo para encabezar un movimiento de unidad democrática que envuelva a todos los que de alguna manera ven en el retorno de los “gorilas” un real peligro ya no para el régimen político democrático, sino para la vida misma de los ciudadanos de ese país.

Frente a peligros de esa magnitud y naturaleza, se debe incluso promover una conciencia colectiva continental, porque el futuro político de Brasil, bajo esas perspectivas sombrías, de seguro impactará en todos los países de la región.

¡Miremos, pues, nuestro entorno y lo que nos viene encima!

 
 


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