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Editorial

Alocado endeudamiento

ACTUALIZADO 03.10.2018 - 6:08 pm

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El problema del endeudamiento externo e interno que sobrepasa el 50% del Producto Interno Bruto (PIB) y cuyo servicio de la deuda consume alrededor del 40% de los ingresos fiscales, no parece preocupar a la clase política, en especial la gobernante. Representantes de esa clase justifican la alocada carrera del endeudamiento diciendo que el país tiene capacidad de pago y que el nivel de compromiso que genera la deuda está todavía por debajo del nivel de los países de América Latina.
   
Esa percepción difiere de la que plantean la mayoría de los economistas reconocidos del país, así como de los planteamientos de los propios órganos internacionales multilaterales, quienes vienen advirtiendo del peligro que significa el actual ritmo del endeudamiento que mantiene el país. Así lo señalan los últimos informes del Banco Mundial, del Banco Interamericano (BID) y de la propia CEPAL.
   
Esa amenaza se agrava con el problema de la dilapidación de los recursos públicos en los países de la región, situación a la que no escapa la República Dominicana, donde la dilapidación y la corrupción desvían recursos por más de 90 mil millones de pesos del presupuesto nacional, según la aproximación que hiciera el informe de OXFAN.
   
Frente a esa realidad la argumentación de los representantes de la clase política gobernante, resulta una manifestación de una “conciencia falsa” que más que nada trata de justificar el desvío de grandes volúmenes de recursos para alimentar el “régimen administrativo clientelar” que le ha dado la oportunidad a muchos representantes de la marginalidad y la pobreza de ascender socialmente hasta integrarse a los segmentos que conforman la clase social dominante de la nación.
   
El endeudamiento es, entonces, parte de lo que antiguamente se denominaba en nuestra nación, la “comida del boa”, pero cuyo costo deberá pagar la pobreza dominicana. De esa manera el endeudamiento es una función de la formación de la nueva clase política que gobierna la nación, aprovechando el partido de gobierno en el poder que le sirve desde el control absoluto del Estado, y que desde ahí procede a la apropiación privada de los recursos públicos incluyendo los recursos ajenos provenientes de la deuda externa, tal como quedó demostró en la región de la Américo Latina y en nuestro país, con el caso inédito de la Odebrecht y de otras multinacionales brasileñas.    
Esa vocación de apropiación y control monopólico del Estado, queda claramente expresa en el anuncio público admitido por el gobierno de que para el 2019 el país habrá de endeudarse en US$ 4,443.8 millones para pagar el servicio de la deuda, al tiempo que la Cámara de Diputados aprobó un nuevo préstamo del BID por US$ 300 millones, reiterando esa vocación alocada por el endeudamiento.
   
El peligro de la deuda sin vocación reproductiva del capital y de la producción, hace cada vez más necesario el cambio de rumbo en materia de la calidad del gasto público, pesadamente orientado en esta fase de la política dominicana, para financiar el clientelismo improductivo y una clase política parasitaria, carente de visión y función del desarrollo.

¡El pesado endeudamiento nos forzará al cambio de rumbo!



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