12 Noviembre 2018 9:04 PM

PortadaOpiniónEditorial

Editorial

El drama del suicidio

ACTUALIZADO 13.09.2018 - 5:51 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

Con mayor frecuencia la opinión pública es sacudida con informaciones sobre la ocurrencia de suicidios en Santo Domingo y en muchas otras comunidades del país, incluyendo a Santiago y el Cibao. Son hechos de violencia no dirigidos a terceros sino contra la persona misma.
   
La conducta suicida, fuera del suicidio que Emile Durkheim identificaba como altruista en protección del grupo de pertenencia, se asocia a un proceso de desequilibrio o quiebra de la estabilidad emocional de las personas, que conlleva a la frustración y a la violencia ejercida contra sí mismo y que culmina en el suicidio.  
  
En nuestro caso la profundización de la tendencia suicida se vincula a tres procesos asociados a la transformación del país: la fuerte emigración del campo a la ciudad a partir de los años 60, haciendo más anónima la vida de la gente; la fuerte movilidad social auspiciada por los cambios en la economía y muy especialmente por las oportunidades que abrió la política, a través de la cual emergieron desde la marginalidad y la pobreza la nueva clase gobernante; y los cambios en los patrones culturales, en especial la conversión del dinero como “valor” central orientador de la conducta y el consecuente vaciado en valores humanos que afecta a muchos individuos en estos tiempos de cambio.    
   
Esos procesos han incidido, a su vez, en el debilitamiento de la estructura familiar, vecinal y escolar, espacios estos a través de los cuales los individuos internalizan mediante la socialización, los mecanismos del llamado control interno de la conducta individual, que los preparan para dar respuestas a los estímulos y desafíos. La descomposición de la familia, la trasformación del vecindario ahora más anónimo, así como el debilitamiento de la escuela como agente socializador, son factores causales de situaciones frente a las cuales los individuos demuestran no disponer de los debidos mecanismos del control interno, así como del necesario nivel de arraigo, situaciones que operan como estabilizadores emocionales. En esas circunstancias, el individuo queda más expuesto a un mayor nivel de vulnerabilidad frente a los desafíos que enfrenta.    
   
En ese contexto la ocurrencia de situaciones desafiantes de naturaleza económica, de relaciones sociales o sentimentales, se convierten en retos para los cuales los individuos no  disponen de respuestas eficaces, por la misma debilidad de no estar bien preparados internamente, por lo cual pueden caer  en un estado de frustración tormentosa  que los lleva, muchas veces, a la auto violencia que significa el suicidio.     .
   
De esa manera la conducta suicida es un signo de los procesos de transformación del país y de la consecuente descomposición familiar, social y comunitaria, circunstancias en las que se produce el desarraigo y la pérdida del sentido de la vida.    
   
La sociedad dominicana está abocada a definir políticas públicas dirigidas a fortalecer las instituciones, a nivel de la familia, de la escuela y la comunidad vecinal, así como para hacer más visible y operativa  la institucionalidad del Estado, de su autoridad fundamentada en la Ley, para ampliar y fortalecer la formación de la personalidad institucionalista de los individuos y de sus controles internos, de modo que estén mejor preparados y adiestrados en el manejo y resolución de conflictos.

¡Reflexionemos, pues, sobre el problema del suicidio!  



0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.