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Editorial

Imagen del atraso

ACTUALIZADO 11.07.2018 - 6:17 pm

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El atraso que exhiben los países subdesarrollados como es el caso dominicano, combina la existencia de dos patrones contradictorios y simultáneos: los patrones de vida del desarrollo y la modernidad; y los patrones de vida del atraso y la tradicionalidad. Mientras los patrones de la modernidad tienen como fundamento la teoría de la conducta racional, propia de la civilización occidental, los patrones de la tradicionalidad que atrasa tienen como fundamento la conducta emotiva, inmediatista y oportunista, que no coordina lo urgente con lo importante, lo eficiente con lo lícito y lo factible.
   
Por esas razones sociológicas en países atrasados como el nuestro, por lo regular las iniciativas públicas, se rigen por las siguientes distorsiones de la política: el “maquiavelismo”, donde el fin, que normalmente consiste en mantener el poder, justifica cualquier medio o recurso, aunque violen la licitud y la Ética, así como el criterio de lo eficiente. “El fin justifica los medios”; el “oportunismo” distorsión donde los políticos ponen el énfasis en los fines urgentes y en los medios y recursos disponibles por sobre lo eficiente y lo importante, distorsión que se asocia al comportamiento inmediatista y populista.
   
Sobre esas bases se edifica la corrupción, conectada con la tradición caudillista que impone el patrón cultural del Estado patrimonialista, dentro del cual los que alcanzan el poder disponen como suyos los recursos del público, repartiéndolos según el interés de mantenerse en el poder para darle continuidad al ejercicio del poder.
   
Bajo esas orientaciones y contexto sociocultural, los proyectos o iniciativas públicas responden no a criterios técnicos para elevar su eficiencia interna y externa, sino a su efectividad para acumular poder y asegurar el continuismo. Por eso es fácil ver la irracionalidad en la ejecución de esos proyectos, así como su ineficiencia y muchas veces también la comisión de actos ilegales violadores de la escala de la licitud.
  
Los aguaceros de la reciente tormenta tropical, pusieron al desnudo esas contradicciones y distorsiones de la política en un país como el nuestro donde la modernidad se construye sobre la base de la irracionalidad emotiva y el oportunismo inmediatista, que excluyen la posibilidad de la racionalidad, en la que se combinan y coordinan los fines importantes y urgentes con los medios eficientes, factibles y lícitos.
   
El caso del Hospital Moscoso Puello ofrece una imagen patética de una iniciativa costosísima pretendidamente moderna ejecutada y manejada de acuerdo a los criterios subdesarrollados del oportunismo y el populismo, negadores de la racionalidad moderna. Por eso vemos no solo el caos y el desorden producidos por las filtraciones y otros vicios de construcción descubiertos por las lluvias, sino la facilidad con que se arrabaliza un majestuoso palacio de la salud, que proyecta la falsa imagen de una construcción pos moderna, levantada dentro de un país subdesarrollado que le impone a ese palacio idílico los patrones culturales del arrabal que atrasa. Nuestra modernidad resulta una caricatura aldeana, propia de políticos, profesionales y contratistas, que con la obra solo aspiran a la apropiación privada de los recursos públicos sin importarle el fin que señala el interés público del servicio médico a ofrecer.

¡Esa es la triste realidad de nuestros políticos subdesarrollados! 


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