21 Julio 2018 11:17 AM

PortadaOpiniónEditorial

Editorial

América convulsa

ACTUALIZADO 09.07.2018 - 7:45 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

Desde las décadas de los años 60 hasta cerca de los 90, América Latina estuvo perseguida por la estrategia del Imperio en contra de otra nueva Cuba, propósito que llenó de dictaduras sangrientas a la mayoría de los países de la región. Ese panorama cambió luego de la debacle de la Unión Soviética, imponiéndose en el mundo la estrategia de la globalización neoliberal que asumió como objetivo norteamericanizar a todas las naciones a través de la economía de mercado y sus valores consumistas fundados en el “dios” dinero.
   
Sin embargo, en ese contexto de la economía neoliberal y por el cambio de su agenda en las relaciones internacionales, EE.UU se despreocupó de la región de la América Latina, y desde el seno del furor del comercio en el “nuevo orden”, en Brasil se incubó una estrategia impulsada por un grupo de grandes multinacionales de ese país sudamericano, que con su afán neocapitalista de expandir y monopolizar sus negocios, puso en marcha la estrategia de sobornar, sobrevaluar obras y financiar políticos amigos para de esa manera desplazar de estos mercados a las multinacionales de los EE.UU y Europa, y reducir la influencia política imperial.    
   
De esa manera Brasil, unida a Venezuela con su “revolución bolivariana”, fue “liberando” naciones y así se levantaron unas diez banderitas antiimperialistas, cosa que no pudo lograr Cuba en su tiempo de fomento de los movimientos guerrilleros. La expansión de los mercados neoliberales en la región hizo más en materia de emancipación respecto al Imperio, que las “guerrillas”, las “revueltas” y las “revoluciones” por la libertad y la democracia.
   
Descubierta esa trama “emancipadora”, sin embargo, el Imperio ha desatado una contra ofensiva que no solo desmanteló la estructura “revolucionaria” de la Odebrecht y compartes, sino que ha revertido el proceso revolucionario de liberación, promoviendo una movilización de las derechas locales, mediante la judicialización de la política y utilizando el marco jurídico constitucional para “derrocar” gobiernos y reducir la capacidad persuasiva de los movimientos “bolivarianos” y “sudamericanos” de liberación.
   
Pruebas de esa reversión del proceso son el Golpe de Estado en Honduras; la destitución constitucional de Obispo de Paraguay; la sacada de los Kirchner en Argentina y la persecución judicial contra Cristina; el derrocamiento constitucional de la Dilma en Brasil y la persecución contra Lula hasta su encarcelación. Además, el acoso subversivo contra Venezuela que agoniza por la presión, además, de las contradicciones dialécticas que provienen del propósito de montar una sociedad socialista dentro de una economía capitalista.
  
La guerra de los jueces en Brasil, determinando la libertad de Lula primero y luego la prisión más tarde del político más popular de Brasil y del mundo, ha movilizado a todo Brasil, convulsionando la vida política de esa gran Nación, como también se encuentran: la Argentina contra Macri; Ecuador, ahora contra Correa; Venezuela con su guerra económica; y más recientemente Nicaragua contra el sandinismo.
   
La guerra de los jueces en Brasil que impide la libertad y la participación electoral de Lula, seguro ganador, pone en evidencia el predominio de las motivaciones políticas por encima de los pretextos jurídicos de una acusación sin pruebas, pero de una intención política muy clara.

La conclusión es: América Latina convulsa entre dos fuegos.


0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.