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Editorial

Brote de delincuencia

ACTUALIZADO 05.07.2018 - 5:48 pm

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El Presidente Medina ha admitido la existencia de un brote de delincuencia que azota al país. Los diversos casos de violencia y delincuencia que desbordan la capacidad de las autoridades, constituyen un desafío para el Gobierno. Y así lo reconoce el propio Mandatario, cuando dispone que la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas se lancen a las calles, en un nuevo esfuerzo por combatir la criminalidad y la delincuencia.
   
La decisión no es nueva. Ya en otras ocasiones el Gobierno ha dispuesto varios “operativos” de patrullaje conjunto, como forma de enfrentar y reducir la ola de delincuencia que tanto azota y atormenta a toda la ciudadanía dominicana.
   
Sin embargo, son muchos los que piensan que esos “operativos”, solo tienen el efecto de responder a la necesidad que siente la población de que las autoridades “hagan algo” frente al flagelo que tanto atemoriza a la población. Pero también se sabe que esa es una iniciativa ineficaz, porque el problema de la criminalidad es algo más complejo que requiere no de “operativos”para respahilar a los delincuentes, sino del establecimiento de una verdadera política criminal del Estado, acompañada de planes, programas y proyectos institucionalmente manejados, que es como se aterriza la política de Estado, para abordar la solución de los problemas urgentes e importantes que acosan la nación.
   
Los “operativos” del patrullaje conjunto es un típico “movimiento mediático” que en las mismas Fuerzas Armadas se conoce con el calificativo de “allante y movimiento” que de antemano se sabe que no dará con los resultados que se quieren y necesitan. Por eso, esa iniciativa no solo está condenada al fracaso, sino que descubre el hecho cierto de que el Gobierno no sabe qué hacer con el grave problema de la criminalidad y la delincuencia, sobre todo cuando se sabe que en ese mal también están involucrados segmentos importantes y significativos de las propias autoridades policiales, militares y judiciales, como lo han evidenciado casos de corrupción en los que esas autoridades aparecen participando.
   
Pero todavía más. El fenómeno de la criminalidad y la delincuencia viene en crecimiento y expansión, como consecuencia del modelo de economía neoliberal desregulada, que asume como función objetiva la tasa anual de crecimiento económico para expandir y concentrar el capital y que socialmente persigue la rápida movilidad social para construir la nueva clase gobernante y dominante, cuyo afán, y aprovechando las oportunidades de los cargos públicos, la lleva a la comisión de los ilícitos económicos promoviendo un clima de ilegalidad, corrupción, e impunidad que conecta directamente con el mundo de la criminalidad y la delincuencia.
   
De esa manera, el abordaje de la criminalidad y la delincuencia debe comenzar con la rectificación del modelo de política económica y con la limpieza y depuración de las propias instituciones del Estado, especialmente de aquellas responsables de perseguir el crimen y el delito, incluyendo la corrupción y la impunidad. Entonces ahí, los “operativos” pudieran reforzar la capacidad institucional del Estado, y así cobrar la efectividad complementaria que ahora no pueden lograr. La magnitud y alcance de la criminalidad requiere un enfoque y estrategia multifactorial.

¡Pensemos y actuemos en serio contra la criminalidad! 


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