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Ley de Partidos: un paso de avance

ACTUALIZADO 04.07.2018 - 6:26 pm

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Con razón hay muchas personas y grupos que dudan que la Ley de Partidos y la propia Ley Electoral se aprueben en un Congreso de la República dominado mayoritariamente por un partido hegemónico, instrumento partidario de la nueva clase gobernante que le ha dado sustentación a la dominación establecida dentro de la Era del PLD.  
   
Sin embargo, ese modelo de dominación, aplicado en el contexto de un país capitalista atrasado como el que se da en nuestro país, se ve afectado por el predominio del modelo caudillista de ejercicio del poder, lo que da lugar a una bifurcación del liderazgo del partido con dos caudillos. Así se introduce un conflicto que induce a la emergencia de dos facciones antagónicas al interior del partido, cuya dinámica tiende a romper la unidad partidaria, poniendo en peligro su poder como clase gobernante y que ha llegado a controlar al Estado y sus organismos, así como ascender a los estamentos de la clase económicamente dominante del país.  
   
Esa situación se refuerza con la propia lógica conflictiva de la sociedad capitalista, en cuyo interior opera la dialéctica de las clases, las cuales se forman al interior de los agentes económicos en permanente competencia por controlar y sobrevivir en el marco de la institucionalidad del mercado. Por eso el conflicto por el que atraviesa el partido gobernante se ha convertido en el centro de la política nacional cotidiana, cuyo influjo impacta en todos los órdenes de la vida institucional del país.
   
Precisamente ese conflicto no solo está detrás de la diatriba que se registra en estos momentos en los estamentos de la Justicia, en las incidencias de la inseguridad ciudadana, la delincuencia ,y la criminalidad, en las mafias que operan dentro del Estado, en los medios de comunicación integrados al conflicto, sino que también se han manifestado en las dificultades que se han observado en el debate sobre la Ley de Partidos y la Ley Electoral. En este caso la facción  dominante dentro del partido de gobierno plantea la fórmula de las primarias abiertas como condición para aprobar la Ley de Partidos, mientras que su oponente interno plantea las primarias cerradas, bajo el temor de que las abiertas sean la vía idónea para impedir su avance a lo interno del partido.
  
Ese temor también lo experimenta la mayoría de los partidos de oposición, principalmente el Revolucionario Mayoritario, el cual ha dado un paso de avance al flexibilizar su posición, aceptando que las primarias sean cerradas, simultáneas y supervisadas por la JCE, pero dejando libre a los partidos para escoger la modalidad de primarias que prefieran. De esa manera, aparenta que se ha dado un acercamiento a la facción dominante del oficialismo, con lo cual se hace factible la aprobación de la Ley de Partidos, al tiempo de colocar fuera a la facción oficialista oponente a la dominante.
   
Pero lo más inteligente de ese paso de avance del PRM es que su decisión lo reintroduce, como actor beligerante, en el conflicto clasista que sirve de base a la lucha por el poder en una  perspectiva democrática.

¡Falta ahora la fórmula para la real unidad de la oposición!  



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