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Editorial

Por la paz mundial

ACTUALIZADO 12.06.2018 - 5:39 pm

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En medio de un mundo convulsionado por las guerras y la competencia económica salvaje, se inició la Cumbre de  Singapur que reúne al Presidente de los EE.UU, Donald Trump, y al mandatario de Corea del Norte, Kim Jong-un. El histórico encuentro crea un ambiente esperanzador para la pacificación de un conflicto latente como ha sido el de las coreas, que de momento ha amenazado la paz mundial.
   
El objeto del encuentro es lograr un acuerdo para la desnuclearización de la península coreana, a manera de evitar una guerra que tomando como base a las dos coreas se propague hasta llegar a una tercera guerra mundial, que amenazaría al planeta y a toda la humanidad. Ha sido loable el esfuerzo del presidente Trump y del mandatario asiático, quienes han dado señales de optimismo en la búsqueda de solución para una zona conflictiva. Es decir, que de una situación cargada de tensión, con un convenio por la paz de esa región, se pasaría a una situación de normalidad para la tranquilidad de las demás naciones que comparten la región.
   
Ese buen ánimo parece que lo comparten los coreanos del Sur, con quienes los coreanos del Norte han mantenido un relación tirante, luego de que suspendieran la guerra que separó a las dos naciones asiáticas, pero que en los actuales momentos han dado un giro en sus relaciones animados por el espíritu de la paz.
  
La pacificación definitiva de las coreas, constituye un paso importante de la humanidad, porque distiende la relación conflictiva entre los países que son potencias mundiales, tal como son EE.UU. China y Rusia.
¡Qué en la Cumbre de Singapur se concretice un acuerdo por la Paz!

Mensaje del soborno

   
El país está bajo un bombardeo mediático recibiendo el impacto moralmente devastador de los  sobornos y de los sobornados por la empresa brasileña Odebrecht y que han afectado a un grupo de políticos y empresarios y sus relacionados, de acuerdo al acta de acusación que hiciera la Procuraduría de la República.
   
El acontecimiento hace recordar la evaluación que se hacía la población sobre el ejercicio de la política en décadas pasadas, cuando se calificaba a la política como una actividad “sucia”, indicando con ello que era una actividad innoble practicada por hombres deshonestos, dispuestos a las “bajas pasiones”. Sin embargo, las prácticas de la corrupción a la que recurren la mayoría de los políticos actuales, gran parte de los cuales proceden de estamentos de la marginalidad social, parecen haber convertido la política en una actividad de inmorales y degenerados, que solo aspiran hacer de la política un vehículo de ascenso social, para lo cual están dispuestos a recurrir a “todo lo que sea”, comportamiento hoy día legitimado por el modelo político clientelar, coincidente con el modelo de la economía neoliberal que ha convertido todo acto humano en una mercancía que se vende y se compra, detrás del “dios” dinero.
   
Esa nueva mística destructora de la moral, ha eliminado la posibilidad de una clase política desarrollista, decente y eficiente, que conduzca al país hacia un sano desarrollo impulsado por una sólida institucionalidad democrática.
¡El país no puede seguir con tanta corrupción!


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