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RD, OEA y Venezuela

ACTUALIZADO 06.06.2018 - 6:23 pm

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En la reciente Asamblea General de la OEA celebrada en Washington, 19 países representados por sus respectivos cancilleres, decidieron una resolución que condena a Venezuela, al considerar ilegítima las elecciones mediante las cuales se reeligió el Presidente Maduro.
   
La resolución fue una iniciativa de los EE.UU, país que presionó sobre la posición dominicana que se había mantenido neutral y más bien del lado de la posición venezolana. La situación ambivalente del país ante la comunidad internacional quedó claramente  reflejada en su voto condenatorio contrario a su argumentación en el discurso del Canciller.   
   
En efecto, mientras con el voto a favor de la resolución el país se distancia de Venezuela, en el discurso pronunciado por el Canciller ante la Asamblea, la posición neutral la mantuvo igual, al solicitar a la OEA “que busque una salida pacífica, democrática y definitiva a la situación en el país sudamericano, donde la crispación nos hace temer en un quebrantamiento de la gobernabilidad”. Agregó el Canciller dominicano en su discurso, que la solución al conflicto venezolano “deben buscarla los propios venezolanos apegada a los estándares de la democracia participativa”. Este argumento guarda relación estrecha con el principio de la autodeterminación de los pueblos, muy invocado por los venezolanos como también por los cubanos en su tiempo de mayor conflicto con los EE.UU.
   
Si esa posición se entiende, es fácil concluir que la presión internacional pesó más que el agradecimiento y la identificación del gobierno dominicano con la causa venezolana asumida por el gobierno de Maduro. El desenlace es, entonces, comprensible si además se toma en cuenta que nuestro país aspira contar con el beneplácito de los EE.UU para un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero sobre todo, porque el conflicto de Venezuela no es un asunto de unas elecciones: si fueron legítimas o ilegítimas. Se trata de una confrontación sistémica en donde se contrastan y enfrentan a muerte el sistema capitalista de libre empresa contra el sistema socialista con una economía solidaria centralizada y coordinada por el Estado. La solución a ese conflicto todavía la humanidad no la ha conocido y solo ha habido ensayos algunos hasta ahora fallidos, como fueron Chile con Allende y el de la antigua Unión Soviética.
   
En todo caso, la decisión de la OEA constituye una carta abierta que avala una posible intervención militar de parte de las fuerzas interamericanas comandadas por los EE.UU, que repetiría el intervencionismo americano directo, tal como lo fuera en Santo Domingo, Panamá y Granada y también en Cuba previo al conflicto de los misiles rusos.
   
La intervención militar en Venezuela sería una solución dramática y lamentable, que los latinoamericanos deben rechazar, porque viola los preceptos del derecho internacional de las naciones, en especial el principio de la autodeterminación de los pueblos.
   
Habría que explorar otras alternativas políticas y diplomáticas que faciliten que las fuerzas internas venezolanas puedan llegar a definir un esquema institucional de cohabitación, antes de preferir una opción basada en la fuerza bruta, que complicaría el panorama de muchos otros países latinoamericanos y que provocaría un inmenso sufrimiento para la población venezolana y de esos otros países de la región.

¡Qué se eviten posiciones extremas y se exploren soluciones en la transición!


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