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Editorial

La Iglesia en AL y RD

ACTUALIZADO 04.06.2018 - 5:40 pm

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La Iglesia Católica es una de las instituciones que más credibilidad y confianza genera en la población. Sin embargo, algunos estudios dan a entender que esa valoración está cambiando de forma negativa.   
   
En un conversatorio celebrado en la PUCMM convocado por su rector y al que asistieron representantes distinguidos de la Iglesia y de la sociedad civil nacional, motivados por una presentación hecha por el Lic. Fernando Ferrán, se ofrecieron estadísticas  que hablan de un descenso relativo en la simpatía y participación de la feligresía de la Iglesia. Según esos estudios la confianza en la Iglesia descendió en América Latina de 76% en el 1996, a un 65% en el 2017, mientras que en nuestro país el nivel de confianza se mantiene en un 75% para el 2017, ignorándose cuánto era en el 1996. Asimismo, las cifras indican que en América Latina  los que se dicen católicos, pasaron  de un 80% a 59% en ese período, y en nuestro país pasaron  de un 64% a un 48% para una caída de 16%.
   
Esas cifras se interpretan como una tendencia al decaimiento de la penetración e impacto de la Iglesia Católica en la población, y motivaron una serie de preguntas y enriquecedores comentarios de parte de los reputados participantes, tratando de comprender la situación de la Iglesia. La percepción general es que se admite una cierta desconexión de la Iglesia, como consecuencia de una falta de readecuación de los sacerdotes respecto a su capacidad de comunicación frente a la  población servida y sus problemáticas.  
   
Siendo en su mayoría los participantes representantes de los estamentos de las clases medias y acomodadas, sus bien dichas argumentaciones, exhibieron  una enorme diversidad de enfoques y visiones, que hacen difícil su comprensión, tanto para el diagnóstico, como a nivel de una plataforma programática. En ese orden, llamó la atención que los valiosos aportes expuestos, no tomaran en cuenta el fenómeno del cambio social en el contexto de las sociedades modernas capitalistas, cuya lógica interna  se rige por el principio de la “especialización y diferenciación de funciones” que obliga a la “innovación permanente” y a la “acción humana electiva”.
   
En ese contexto, las sociedades se masifican y se descomponen en estructuras plurales y diversas, donde reina el anonimato y las dificultades de relacionar los fines con los medios, frente a las cuales los actores están exigidos a adecuarse continuamente, asimilando la institucionalidad del cambio.  
   
En ese marco de actuación, el posicionamiento de la Iglesia como de todos los actores se relativiza, como se relativiza el mundo de los valores, los cuales además entran en conflicto dialéctico: valores materialistas que nacen del interior de la institucionalidad del mercado; y valores externos al mercado que conforman la vida idealista y espiritual. “Dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
   
En conclusión, las cifras sobre la caída de la Iglesia deben comprenderse en esa lógica de la modernidad capitalista cambiante, que relativiza el mundo de los valores. En todo caso es imperativo para la Iglesia como para todos los actores sociales, revisar y reajustar sus métodos de trabajo para continuamente ponerse a tono con los  cambiantes “signos de los tiempos”.   

¡Qué se repita tan valioso conversatorio!


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