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Editorial

Avance y desorden

ACTUALIZADO 10.05.2018 - 11:42 pm

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Son visibles los signos que hablan del avance y “progreso” del país y también variados los signos del desorden y del “atraso”. La economía crece casi como ningún otro país, pero sobre la base del endeudamiento, o para mejor decir, con recursos ajenos, y con déficits recurrentes. No obstante, junto al “progreso” son también evidentes las grandes deficiencias del Estado en la oferta de servicios con calidad.
   
Los locales educativos y de salud, por ejemplo, así como de la mayoría de las oficinas públicas se renuevan siguiendo los designios de la modernidad ostentosa, sin embargo, los componentes de organización y de disponibilidad tecnológica para el buen manejo de esos servicios registran tales niveles de ineficiencias que se traducen en un gigantesco desorden y desorganización, que algunos curiosos califican de “desguañangue” organizacional de las instituciones públicas. Por eso estamos atrasados en muchos indicadores internacionales en materia de salud, educación, economía competitiva, pero muy avanzados en corrupción, impunidad, delincuencia, criminalidad, inseguridad ciudadana y en la débil o pobre institucionalidad, donde se ha hecho normal la violación de las leyes y del estado de derecho.
   
Los signos de ese “desguañangue” organizacional lo vemos en la situación de la salud y en particular en el manejo de los hospitales del país. Los reportes sobre muerte de niños recién nacidos, así como de la mortalidad materna, unidos a la frecuencia con que se están produciendo robos de recién nacidos de los hospitales, constituyen expresiones de ese desorden en el que se desenvuelven los centros de salud pública en el país, situación que se refuerza por la precariedad, consecuencia de la falta de recursos financieros y por la misma corrupción que corroe la posibilidad de un Estado eficiente.    
   
Hay que reconocer que el gobierno hace grandes esfuerzos por reformar y hasta revolucionar la situación de la Salud Pública, construyendo y remodelando una gran cantidad de centros de salud y hospitales. Lo mismo se está haciendo en Educación con la construcción de escuelas. Pero esa gran inversión más bien confirma que la estrategia de la gestión pública sigue apegada a la vieja tradición que prioriza la construcción (física), la cual señala que los gobiernos deben invertir en lo que se ve, que son obras físicas. Se pasa por alto la inversión en la gente y en la organización y modernización de los procesos, para que se aseguren resultados que modifiquen los indicadores del atraso que caracterizan a los servicios públicos.
   
El caso reciente del robo de una bebé gemela de la maternidad de Santiago, pone de manifiesto esa penosa situación, reveladora de la falta de aplicación de los protocolos por la carencia de recursos, pero sobre todo por la desorganización, consecuencia de la ausencia de una mística basada en la responsabilidad, en un servicio profesional con esmero y calidad y en beneficio de la gente, patrones que deben guiar la conducta del Servidor Público.

Buena acción policial   


Con frecuencia la prensa critica el desempeño cotidiano de la Policía en su enfrentamiento con la delincuencia. Hay que reconocer que la organización del orden público, fue sumamente eficiente y diligente en la recuperación de la bebé sustraída de la maternidad de Santiago, para la paz y felicidad de su familia.

¡Congratulaciones: así debe ser!



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