21 Agosto 2018 2:17 PM

PortadaOpiniónEditorial

Editorial

La crisis de los partidos

ACTUALIZADO 07.05.2018 - 6:38 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

Las dificultades que exhiben los partidos políticos en torno al debate sobre la Ley de Partidos y las primarias abiertas, expresan la profundización de la crisis de los partidos, cuya evolución muestra cómo en la población han ido perdiendo credibilidad y confianza. Los partidos cada vez más se desacreditan en la sociedad y por eso la población cada vez más se manifiesta independiente de los partidos, según lo indican las últimas encuestas, pese a la importancia que tienen como sustentadores del sistema político y su estabilidad.  
    
La desestabilización de los sistemas sociales y políticos ha sido una materia de la preocupación de la sociología clásica, la cual ha reconocido que la estabilidad de los regímenes políticos se fundamenta en dos hechos: la legitimidad, que se refiere al apoyo y aprobación que merece de la población la institucionalidad política establecida;  y la eficiencia que se refiere a la capacidad del régimen de responder a las necesidades y problemas que reclaman las poblaciones.  
   
Sobre la legitimidad se han reconocido dos formas: la legitimidad interna o democrática que es la que se otorga a las autoridades sobre la base del voto libre y transparente que nace de la voluntad popular; y la legitimidad externa o fáctica que “convence” a las bases por los factores externos que adornan a los líderes y dirigentes y que les permiten manipular la conciencia de la ciudadanía y que se resumen en recursos y/o dinero.
  
En la democracia capitalista la legitimidad interna o democrática se construye a través de la institucionalidad que nace del cumplimiento de la Ley y los procedimientos normativos derivados de ella, los cuales deben aplicarse al momento de que se exprese limpiamente la voluntad popular en los procesos electorales. Pero en esos procesos también concurren los criterios de la legitimidad fáctica que manipulan al elector a través de los recursos externos y del dinero.  
   
De esa manera en las elecciones, el dinero como criterio del poder fáctico cobra un gran peso en la decisión del elector, sobre el cual recae el poder que ejercen los grandes consorcios y monopolios, que tienen lugar  en el Mercado y en el Estado. Por eso en vez de que “el pueblo elige”, como exige la democracia interna, se da la máxima de que “el dinero elige”, como lo manda  la legitimidad fáctica. El tránsito de la legitimidad democrática, “el pueblo elige”, hacia la fáctica, “el dinero elige” se vive en nuestro país como una crisis de legitimidad que tiende a desestabilizar el sistema, al no estabilizarse ni una y ni otra forma de legitimidad.
   
El debate despertado por la Ley de Partidos y las primarias abiertas, profundiza la crisis de la legitimidad democrática a lo interno de los partidos, sobre los cuales quiere imponerse el poder fáctico, en especial, del lado de las fuerzas partidarias aliadas al poder oficial. Y esa crisis de legitimidad es lo que viven los partidos, cuyo descrédito no solo los debilita y potencializa su división, sino que desestabiliza y desorienta el futuro político nacional, haciéndolo completamente incierto y angustioso. El cuadro actual de la crisis de los partidos genera una perspectiva hacia la desestabilización política y social.

¡Qué la lucha ilegítima por el poder no desestabilice a la nación!


0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.