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Editorial

Encrucijada brasileña

ACTUALIZADO 08.04.2018 - 5:36 pm

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El encarcelamiento de Inácio Lula da Silva, expresidente y uno de los principales líderes brasileños, sumerge a  Brasil en una situación muy complicada, la cual  amenaza la democracia en esa nación.
   
Ante esta disyuntiva, es el reto de todos los sectores,  gobernantes y gobernados, deben sobreponer razón, pensamiento y verdad contra pasión, emotividad e intereses particulares, por la preservación del sistema político democrático.
   
Nadie puede situarse al margen de la Constitución y la jurisprudencia que norma las manifestaciones sociales, políticas y económicas de los pueblos, por tanto, se deben agotar todos los recursos institucionales en procura de superar los conflictos, a fin de garantizar la estabilidad y una cohabitación en armonía.
   
Es posible que Lula da Silva, quien encabeza la preferencia electoral de cara a los comicios que se celebrarán en octubre de este año 2018, fuera víctima de una trama perversa, pero aún sus abogados tienen instancias en las cuales pueden insistir que demostrarán su inocencia.
   
Quienes son responsables de administrar y aplicar justicia deben meditar sobre la dimensión del liderazgo del exmandatario, lo que implica que actúen con comedimiento y apego a la Carta Magna y las leyes para evitar el colapso de la democracia.
   
En cambio, los seguidores de Lula da Silva deben sujetarse a su proclama antes de ingresar a la cárcel, en la cual estableció lo siguiente: “La muerte de un combatiente no para la revolución”.
   
Inocente o no, con su entrega el exjefe del Estado brasileño ha mostrado entereza, firmeza y voluntad de cooperar con las autoridades en la búsqueda de que la investigación sobre alegados actos de corrupción se desarrolle sin dificultades.
   
Hay que resaltar que durante la gestión del Gobierno del  líder del Partido de los Trabajadores, más de 30 millones de personas fueron extraídas de la pobreza y que convirtió a Brasil en la sexta economía más sólida del mundo; esas acciones reflejan su vocación de servicio en favor de la mayoría.
   
No obstante, es acusado de operaciones dolosas, situación que obliga a los abogados a establecer su culpabilidad o no en un proceso público y contradictorio, pero basado en la legitimidad y la legalidad.
  
En este momento hay mucha tensión e inestabilidad, panorámica que convoca a los brasileños a comportarse con cautela, en interés de generar un clima estable para que las elecciones de octubre se realicen sin traumas, porque así lo amerita la conservación y fortalecimiento de la democracia.
   
Procede, además, que el Gobierno distancie a oficiales militares del proceso, porque sus pronunciamientos promueven un régimen dictatorial; eso es inadmisible en esta etapa que vive la humanidad.
   
En Brasil hay que propiciar la convivencia pacífica, por eso todos los estamentos deben obrar para que los comicios próximos sean transparentes, democráticos y confiables.
   
Con voluntad política y con el raciocinio se logrará la estabilidad, pero corresponde a los brasileños asumir los desafíos en esa dirección.
   
Todas las naciones deben solidarizarse con el pueblo brasileño, pero sin una temática intervencionista, porque es a los brasileños que le compete superar los conflictos internos.
   
Qué se respete la autodeterminación de Brasil para definir su destino.


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