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Editorial

¡Qué cosa con la reelección!

ACTUALIZADO 13.03.2018 - 8:02 pm

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De nuevo la opinión pública se detiene en el tema de la reelección y en los mismos argumentos. Los que argumentan a favor de la reelección seguro que están del lado de los oficialistas. Los que argumentan en contra, seguro que son los que se perciben “afueriados” del poder y se asumen opositores.    
   
La historia del poder en el país también nos enseña que el patrón dominante en la sucesión del poder ha sido la tradicional reelección que hace que todos los grupos que llegan al poder primero instauran una dominación del tipo personal o caudillista, propensa por necesidad a violar la Ley y la Constitución y, segundo, que a partir de ahí surge la necesidad de mantenerse en el poder, porque “no hay nadie que pueda sustituirlo”. Los últimos gobernantes que hemos tenido en el ejercicio del poder en la fase de la llamada “democracia moderna”, confirman con su vocación reeleccionista esa bendita o fatal tradición del atraso. En República Dominicana todavía no se ha instalado una institucionalidad democrática que defina y estabilice una sucesión del poder con alternabilidad y con separación de los poderes.
   
Por esas razones a nadie le debe extrañar que de relajo o en serio los que están en el poder se manifiesten abiertamente y sin ningún escrúpulo constitucionalista o moralista a favor de la tradición reeleccionista. Y que por el contrario los “opositores”, o más bien los “afueriados” griten y rebusquen argumentos jurídicos de última generación para rechazar las naturales pretensiones de los que necesitan la continuidad en el poder.
   
Pero lo que debe estar detrás de esa estéril controversia es el cálculo sobre la factibilidad de la reelección dentro de la presente circunstancia. Pocos tienen dudas del gran poder que ha alcanzado el grupo de gobierno, como consecuencia de su habilidad para apropiarse y controlar el poder institucional del Estado; así como de apropiarse de grandes volúmenes de recursos públicos que lo han elevado e integrado al gran poder fáctico oligárquico, haciendo que de forma conjunta determinen el alto nivel de estabilidad del sistema político, pese a los grandes problemas nacionales fruto de la disfuncionalidad del Estado.  
   
En ese contexto, la reelección resulta un primer escenario en perspectiva. Sin embargo, la misma se enfrenta a serias barreras: la necesidad de la reforma constitucional; la división del propio partido de gobierno y el riesgo que ello encierra; y lo más difícil, la resistencia manifiesta de los EEUU relativamente perjudicado política y económicamente por la preferencia del poder local a favor de los intereses e influencias brasileñas a través de Lula y la Odebrecht. Por esas razones el escenario de la reelección se hace difícil, teniendo mayor factibilidad el continuismo del partido gobernante, dada la insustancialidad de la oposición de mucho menor factibilidad y mayor ineficiencia e incoherencia.
   
Entonces, un pacto por el continuismo sin Leonel y Danilo parece lo más probable y razonable, aunque exige un mayor nivel de racionalidad, a veces difícil en un ambiente cargado de pasión y emotividad.

¡La factibilidad dictamina a favor del continuismo sin reelección de ningún tipo!



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