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Editorial

Descomposición social

ACTUALIZADO 09.02.2018 - 8:01 pm

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Con el paso del tiempo se acentúa la descomposición social que arropa a la sociedad dominicana, debido a la falta de políticas educativas y orientadoras en procura de garantizar un comportamiento y una conducta que se basen en la ética, moral, respeto por la vida y la solidaridad.
   
A diario se registran hechos horrendos que conmocionan a la población, sin que se observe una reacción por parte de quienes controlan el poder, a fin de contener las actitudes violentas y delincuenciales que mantienen en zozobra a las familias en República Dominicana.
   
Hay un especie de estado de sitio, porque la inseguridad reinante en el país atemoriza a la gente, porque los facinerosos se han adueñado de los espacios públicos y privados.
   
De un lado está la criminalidad, la cual se expresa en asesinatos, asaltos, robos, violaciones y otras acciones espeluznantes; la  nación es tierra de nadie, ya que se impone la delincuencia, puesto que la Policía Nacional, institución encargada de asegurar el orden y proteger vidas y propiedades, es inoperante e inepta.
   
Peor aún, agentes policiales se involucran en operaciones delictivas, quienes usan sus armas de reglamentos y los uniformes para atracar, atropellar y violar los derechos humanos.
 
Ejemplo de esta dramática realidad es el caso de dos “sabuesos” que hirieron a un joven en la capital, y luego lo encadenaron en una columna para que se desangrara, lo que le provocó la muerte.
  
Además, es bochornoso el episodio protagonizado por un teniente coronel que se valió de su condición para detener a un joven y llevarlo a una cabaña para violarlo.
  
También hay que resaltar que malhechores se trasladan a casas y funerarias y aprovechan velatorios para saquear vehículos y ejecutar fechorías, otros violan y asesinan ancianas.
 
Una escena lamentable se vivió en un centro escolar, donde un hombre esperó a la salida a una adolescente de 14 años y la golpeó sin contemplación.
 
La otra manifestación preocupante es la violencia dentro de la familia, debido a que mujeres y niños son asesinados por “sicópatas”, como el individuo que ultimó a su mujer embarazada y a tres hijos, en el Distrito Nacional.
   
Hoy día,  la descomposición social y la desintegración de la familia  constituyen dos graves problemas que atormentan a la colectividad y  generan terror en todos los segmentos de la sociedad.
   
Es lastimoso afirmar que la convivencia pacífica se ha perdido, en vista de que se promueven el odio, la maldad y de  todos los antivalores, proceso que  nutre el accionar de los delincuentes  que  crean un ambiente “invivible”.
   
Se trata de un panorama consecuencia de corrupción, impunidad, desempleo, pobreza, injusticias sociales, abuso de poder, marginalidad y desintegración familiar, debido a que los dominicanos están desamparados.
  
Ante esa realidad, urge que desde el Estado se apliquen alternativas sociales y económicas en la búsqueda de abrir las puertas para que las personas, en especial los jóvenes, se integren a la producción, en razón de que solo de ese modo se alejarán de las drogas, los vicios y el crimen organizado.

¡Qué se contrarreste a los malvados, por la  tranquilidad ciudadana!


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