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Editorial

El diálogo fallido

ACTUALIZADO 08.02.2018 - 7:51 pm

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Como era de esperarse el diálogo entre el gobierno y la oposición venezolana resultó un esfuerzo fallido. El diálogo es la vía para que las partes en conflicto, mediante la argumentación razonada y razonable, le busquen una solución a las diferencias que permita la convivencia o la cohabitación entre las partes.
   
Ahora bien, cuando las diferencias se refieren a intereses contradictorios derivados de dos sistemas opuestos que se enfrentan, por ejemplo el sistema capitalista frente al sistema socialista, ahí lo único que cabe para la solución es una “revolución”, por lo general violenta, que busque o restablezca el capitalismo, dándole vigencia a la institucionalidad del mercado y a su correspondiente democracia “burguesa”, como lo aspira la oposición de Venezuela; o avanzar hacia la construcción del socialismo para establecer una economía centralmente planificada por el Estado y su correspondiente  democracia popular y protagónica como la sueña el “chavismo” venezolano.
   
El triunfo de uno encierra materialmente la eliminación del otro y viceversa. El “chavismo” manejado brutal o inteligentemente por Maduro, no puede dar marcha atrás a la causa de su “Socialismo del Siglo XXI”, mientras que los líderes de la oposición están obligados a mantener su firme decisión de recuperar su democracia perdida y de restablecer el reino de la institucionalidad del mercado, donde operan sus corporaciones y empresas de las cuales emerge su gran poder fáctico, ahora aliado al gran poder que proviene de su socio imperial.
   
Por eso no es extraño que se llegara hasta la redacción de un documento de un supuesto acuerdo que quedó sin firmar y que se elaboró sobre la base de una serie de temas pretextos, cuando en el fondo lo que hay es una diferencia dialéctica que enfrenta a dos posiciones en un conflicto a muerte. No hay posibilidades de acuerdo en ese contexto. La lucha seguirá: la oposición con el apoyo del Imperio acogotando la “revolución bolivariana” a través del control y bloqueo del mercado que es la institucionalidad que le da la  poca vida que le queda, unido a su capacidad de movilizar a la población que sufre la “guerra económica”; mientras que al Gobierno chavista, pese al control monopólico y autoritario del Estado que ha logrado establecer, como nueva clase gobernante, se enfrenta a su gran debilidad que consiste en no lograr articular las respuestas económicas efectivas y eficientes dentro de su concepción socialista, que les permitan salir del cerco de la “guerra económica” que le ha tendido el gobierno global dominado por el Imperio a través de la oposición venezolana.
   
El diálogo debió partir de ese reconocimiento del conflicto dialéctico y quizás por ahí con flexibilidad comprensiva se pudiera, con mucha dificultad, llegar a una fórmula de entendimiento donde pudieran convivir la oposición respetándole su espacio en el marco de la institucionalidad del mercado, donde puedan operar sus corporaciones y empresas;  mientras al “chavismo” se le conceda el control monopólico del Estado, tal como lo han podido hacer los chinos y los vietnamitas y que parece también aspiraba lograr la legendaria “revolución  cubana” con la apertura.

¡Mientras tanto, los venezolanos seguirán siendo las víctimas de esa dialéctica del caos y de la muerte!



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