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Editorial

Voz de alerta

ACTUALIZADO 10.01.2018 - 12:07 am

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El problema migratorio se está convirtiendo en un serio desafío para el mundo de hoy. El problema alcanza el carácter de calamidad en Europa, como consecuencia de la destrucción de las naciones del medio oriente y de África que lleva a cabo el nuevo “eje” integrado por los EEUU, Europa e Israel, y cuyo propósito se supone es apropiarse de sus recursos y despejar de enemigos el dominio en esa zona.
   
Son millones los desplazados y refugiados que buscan un espacio para la vida en la vieja Europa, los cuales en su mayoría salen huyendo de los estragos de la guerra. En ese proceso son dramáticas las imágenes que brotan de ese nuevo “holocausto” que vive la humanidad, y que tiene su raíz en las ambiciones geopolíticas que emanan de un sistema socioeconómico que abandonó los valores occidentales civilizatorios para aferrarse a los designios materialistas que impone el imperativo de maximizar los beneficios y de la acumulación del capital, designios que se anidan al interior de las empresas en su lógica permanente de “competir” por el control del mercado.
   
Ese nuevo “fantasma que recorre al mundo”, también se hace presente en otras partes del planeta a consecuencia del fenómeno de la globalización que ha convertido todo acto humano en mercancía  y cuyo valor no reside en la vida misma, sino en su valor de cambio en el mercado, vaciando con ello la vida humana de los verdaderos valores, para sustituirlos por simples preferencias en el mercado de consumo.
   
Esa globalización que se nos impone supone la movilidad libre del capital, pero sin embargo, levanta “muros” a la movilidad del trabajo, para detener o enfrentar la ola migratoria que provocan las guerras y la pobreza en expansión. Tal es el caso de los EEUU, país receptor de inmigrantes pero cuyo nuevo gobernante, influido por las corrientes globales “nacionalistas” y antiinmigrantes que se expanden por el mundo, se ha propuesto atacar a los extranjeros indocumentados que se encuentran en su país. Con este propósito se acaba de anunciar la eliminación de la protección migratoria a unos 250 mil salvadoreños, a los cuales se les ha dado un plazo al término del cual serán sacados de ese país y devueltos a El Salvador. Esa situación probablemente la vivirán muchos otros millones de hispanos, dentro de los cuales se estima existen unos 80 mil dominicanos.
   
Pero también el drama migratorio se da en un país como el nuestro, donde no se tiene un sistema organizacional para el control de la migración. En esa situación el país se ha visto “invadido” por un enorme flujo de inmigrantes indocumentados principalmente de haitianos y ahora de venezolanos. La situación está alcanzando tal proporción  que cada vez más preocupa a los dominicanos en general, no solo por el temor y contrariedad que se derivan de la magnitud del problema, sino por la indolencia y vulnerabilidad de las autoridades locales, presas fáciles de las presiones internacionales que favorecen que el espacio geográfico dominicano sea la solución al pesado problema haitiano.
   
El problema de la inmigración agravado por la globalización, requiere, pues, de una seria reflexión y la vuelta al pensamiento humanista por encima del capital.

¡Regulemos el Mercado Global y sus guerras!  



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