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Editorial

Retos del Presidente

ACTUALIZADO 04.01.2018 - 7:21 pm

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Al comenzar el 2018 el presidente Medina tiene por delante dos grandes retos que le exigirán emplearse a fondo en su probada capacidad de armador de la política dominicana. En este tramo de su gestión navega bien en el manejo de una agenda que domina en materia de la estrategia del crecimiento económico apoyado en la experimentada gestión del Banco Central que le reporta elevadas tasas de crecimiento legitimadora de su gestión.    
   
En materia de Educación el Gobierno avanza en la aplicación del 4% terminando la planta física de la “revolución educativa”, al tiempo que con las “visitas sorpresa” anima y se hace asequible a los productores más humildes, así como con el  vasto sector de las Pymes. Sin embargo, el problema de la inseguridad, la corrupción y la pobreza de la Justicia, no dejan de ser ruidos impertinentes a los oídos del Gobierno que parecen no tener solución en la agenda oficial.
   
Pero los dos grandes desafíos que enfrenta la presente gestión del Presidente son: el problema interno de su partido y en particular el reto de anular las aspiraciones de su mayor contrincante, el expresidente Fernández; y el segundo y más importante desafío lo constituye mejorar sus relaciones con los EEUU, relaciones muy maltratadas a consecuencia de la incorporación del país al esquema de emancipación puesto en práctica por Brasil y Venezuela, mediante la estrategia del “socialismo del siglo XXI” con su énfasis en el combate de la pobreza, pero con la debilidad moral de la fórmula Odebrecht, al violentar la ética capitalista impuesta y vigilada por la Organización Mundial del Comercio, garante de la “transparencia” del comercio internacional.
   
La fórmula del soborno, sobrevaloración de obras y financiamiento de campañas, sacó a los EEUU de su tradicional influencia y control de los mercados de la región y de su función para imponer los gobiernos de su conveniencia, funciones que pasaron a ser desempeñadas momentáneamente  por la estrategia sudamericana.    
   
La acción judicial contra los ilícitos de la Odebrecht y otras multinacionales brasileñas es parte de la contraofensiva para desmantelar la red del “socialismo del siglo XXI” que avanzaba, y así restablecer el predominio de la influencia de los EEUU en la región. Para ello se ha promovido la estrategia de los “golpes blandos” utilizando el “juicio político” y otras figuras constitucionales y económicas para la desestabilización de los regímenes desafectos.
   
El Presidente tiene por delante que buscarle un “bajadero” a esa situación con los EEUU y simultáneamente a su confrontación con la “oposición” interna en su partido. Y para manejar ambos desafíos tiene a la mano una buena oportunidad en la fórmula para conformar la boleta electoral presidencial de su partido para las elecciones del 2020, además de recurrir a la posibilidad que le abre el menú de obras para los próximos dos años para concertar acuerdos con los EEUU.   
   
Para la fórmula electoral, el Presidente parte de un consolidado poder fáctico y también popular, que le permitiría volver a la “jurisprudencia” de los “gobiernos títeres” y de darse alguna deslealtad, recurrir al expediente contemporáneo del “golpe blando” mediante el “juicio político” constitucional.

¡Ante los desafíos, el Presidente tiene jugadas!    



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