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Editorial

Crisis de la democracia en Honduras

ACTUALIZADO 06.12.2017 - 11:46 pm

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Honduras se encuentra en una crisis pos electoral que ha desordenado la vida institucional de ese país centroamericano, con un saldo de muertos, heridos y apresamientos de ciudadanos que han tomado las calles en protesta por lo que se alega como fraude electoral. El Gobierno de facto ha decretado el estado de sitio y un “toque de queda”, tratando de controlar y tranquilizar la situación.
   
Los hondureños acudieron masivamente a ejercer su derecho al voto y lo hicieron pacíficamente, sin embargo, el Tribunal Electoral suspendió el conteo de los votos luego de contabilizada el 57% de las actas, cuando dio a conocer que el candidato de la alianza opositora llevaba una ventaja de 5% contra la dictadura y su candidato, el actual Presidente. Las irregularidades que siguieron a ese momento, hicieron que esa ventaja desapareciera para hacer que al final del conteo varios días después del apagón electoral, apareciera como ganador el candidato de la reelección.
   
La situación sigue trastornada y la oposición pide el reconteo total de los votos, mientras que el Tribunal Electoral invita a la oposición a un reconteo parcial. Mientras tanto la Policía Especial se ha negado a salir a reprimir a la población, en un gesto que se interpreta como una disidencia respecto al poder de facto que el fraude electoral trata de imponer.
   
Se trata de una situación que reedita el cuadro que viviera ese mismo país con motivo del Golpe de Estado del 2009, cuando los poderes fácticos de orientación de derecha sacaron por la fuerza al gobierno progresista que encabezara Manuel Zelaya. Esas mismas fuerzas del poder tradicional de Honduras de nuevo han manifestado su voluntad y decisión con similar resultado, tratando de imponer su dominio por encima de la voluntad democrática del pueblo hondureño.    
  
¿Qué lección nos deja ese acontecimiento en contra de la institucionalidad democrática? Que en ciertas condiciones de pobreza y de ignorancia de los pueblos, las oligarquías políticas y económicas que monopolizan las fuentes del poder político, aliadas con los poderes fácticos extra nacionales, la democracia resulta una farsa, una aspiración de “ilusos” que solo se permite cuando esa alianza fáctica tiene la expectativa segura de que los gobernantes que surjan de elecciones populares no perjudicarán sus intereses. Por el contrario, si la expectativa es negativa manipulan la dinámica del poder para imponer su voluntad, aunque ello implique desatar acciones que van desde el simple fraude hasta el crimen, negadoras de los valores y normas de la democracia civilista y, en consecuencia, de los derechos humanos y cívicos de la ciudadanía.
   
Esa lección se está viviendo en Honduras “en pleno desarrollo”, pero también se ha vivido en nuestro país, cuando ciertas fuerzas políticas y económicas en asociación con fuerzas extra nacionales se han combinado para impedir el avance democrático de los movimientos constitucionalistas, que aspiran por una república democrática, soberana e independiente, como la soñaron los Padres de la Patria.

¡Qué se levante la voz de Las Américas por la Honduras democrática!



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