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Época de paz

ACTUALIZADO 30.11.2017 - 11:32 pm

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Hoy se inicia el mes de diciembre, etapa del año que simboliza el nacimiento de Jesucristo, el hijo de Dios que sacrificó su vida por la redención de la humanidad.  
Jesús significa salvación y Cristo el mesías enviado de Dios, es decir, su misión se centró en la emancipación del ser humano, por eso en diciembre se festeja la Natividad que es la conmemoración de  la  litúrgica con una ceremonia solemne del nacimiento de Jesús en Belén.
   
La Iglesia Católica asume esa tradición cristiana, la cual  consagra los días 24 y 25 de diciembre, en la primera fecha con la “Cena de Nochebuena” y el 25 se celebra el nacimiento de Jesucristo.
   
Es tan inmensa la figura de Jesús, que la historia de la humanidad se divide en dos etapas: antes y después de Cristo.
   
Amor por el prójimo, solidario, justo, noble y defensor de la justicia e igualdad social caracterizaron al hijo de Dios.
   
Hoy en un  diálogo con la historia y el presente, esto es muy grato, se registra un encuentro con tradiciones y costumbres cristianas que alimentan el espíritu de valores y cualidades que transforman al hombre y a la mujer en seres de bien.
   
Meditar a la luz de las enseñanzas, sacrificios y abnegación de Jesucristo es un ejercicio que se debe hacer en esta fase del año, porque permite enfrentar con firmeza las debilidades y los errores que se cometen en la cotidianidad, factor clave para comprender e interpretar que urge reorientar el comportamiento y la conducta, a fin de propiciar un clima de convivencia pacífica.
   
Se impone trabajar por una cultura de paz, porque de ese modo se evitarían los feminicidios, los maltratos, el machismo y todas las acciones criminales contra la mujer; es tiempo de suplantar odio, violencia e intriga por solidaridad y amor para convivir en quietud.
   
Quienes controlan los poderes sociales, políticos y económicos deben reflexionar en base al humanismo de  Jesucristo, porque podrán comprender que hay que repartir con equidad las riquezas y los bienes que se producen en los pueblos, puesto que solo de ese modo la gente tendrá felicidad.
   
Proteger  a los indefensos, erradicar la opresión y eliminar los privilegios son tareas pendientes para poner en marcha programas que generen libertad y tranquilidad, lo que se logra con respuestas eficaces a las necesidades materiales y espirituales de los seres humanos.
   
Adorar a Dios y a su hijo Jesucristo no se practica con solo ir a una iglesia, sino con acciones  solidarias y con la entrega desinteresada por el bien común.
   
Venerar a Dios y a Jesús es trabajar para que cada ser humano  tenga trabajo, alimento, salud, educación, sana diversión y un techo donde guarecerse.
   
Muy distante del Señor y del cristianismo, están quienes usan el poder para maltratar a los pueblos, enriquecerse con los recursos de los estados y aplastar a los más débiles.
   
Es aconsejable en este mes de diciembre predicar con el ejemplo y concentrarse en oraciones por el bienestar de todos los seres vivientes, porque esta época debe ser de paz.


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