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Editorial

Regular monopolios

ACTUALIZADO 29.11.2017 - 11:38 pm

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Las autoridades de Salud Pública y la ANDECLIP acordaron dejar sin efecto la medida de la exclusividad de los servicios de análisis clínicos que habían adoptado las clínicas privadas y que crearía un monopolio en contra de los consumidores y otros agentes que concurren al mercado de la salud. La decisión fue tomada luego de una larga reunión con los directivos de esa asociación y las principales autoridades.
   
La medida anunciada que revoca la anterior no solo le pone una regulación a la tendencia al monopolio en ese sector, sino que pone de relieve la dinámica que está operando en los agentes económicos que ofertan diversos servicios de consumo masivo, dinámica que favorece  al monopolio y con ello a un nivel de mayor conflictividad en la vida social y económica. Esa mayor conflictividad tiene su origen en la estrategia de la globalización mundial que impone al mundo la institucionalidad del mercado desregulado, donde florece la tendencia al monopolio, sobre todo de las grandes multinacionales que concentran la apropiación del producto, acentuando la pobreza y la desigualdad en los pueblos, al tiempo que se devora al medio ambiente agravando el problema del calentamiento global. Es lo que se ha identificado como el “capitalismo salvaje” y que se manifiesta muy visiblemente también en nuestro país.
   
Pero esa mayor conflictividad generada por el monopolio, asimismo, expresa un mayor nivel de anarquía y desorden en el marco de un Estado desregulador que deja a los agentes económicos  y sociales al “libre juego” espontáneo de la “oferta y la demanda”. En nuestro país esa mayor anarquía y desorden se pusieron de manifiesto en el caso de la ANDECLIP, y en el caso de los vendedores de combustibles que quieren apropiarse del mercado del gas propano en contra de los gaseros para favorecer a las gasolineras.   
   
Ese espíritu de apropiación monopólica también está presente de forma latente en la tentación del sector financiero de apoderarse de los activos acumulados por las cooperativas, que son agentes económicos que operan bajo la filosofía de la “economía solidaria” que eventualmente podría ser engullida por la dinámica que desata el “capitalismo salvaje” con su letal tendencia a la monopolización y concentración de la riqueza.
   
Por esas razones se hace necesaria una profunda reflexión sobre los fundamentos de la economía y la necesidad de que el Estado recupere su capacidad original de aparato regulador e impulsor del desarrollo, de modo que con su restauración como regulador pueda estimular la creatividad e innovación empresarial aplicando una verdadera teoría del desarrollo sustentable que dé lugar a un estado de derecho y de prosperidad para la gente. Se hace necesario, pues, un modelo alternativo de capitalismo con “rostro humano” que sea consciente de regular las “perversiones enajenantes” que genera la economía de mercado desregulado.
   
La gente tiene que hacer conciencia de esas estructuras que guían sus conductas y sus inconductas y no solo angustiarse por la anarquía, la anomia y el desorden colectivo que se expresan a diario en forma de crímenes y delitos espantosos, que van haciendo invivible el ambiente nacional.

¡Sí señor, reflexionemos!



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