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Rechazo a la exclusividad

ACTUALIZADO 28.11.2017 - 11:32 pm

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La organización de las clínicas privadas ha tomado la decisión de solo aceptar de sus pacientes sus propios estudios clínicos, excluyendo a los demás laboratorios que ofrecen esos servicios médicos. La organización justifica la medida por el hecho de que sus asociados vienen siendo demandados cada vez con más frecuencia por supuestas malas prácticas médicas originadas en estudios clínicos equivocados hechos fuera de sus establecimientos de salud. Y con el propósito de protegerse de esa peligrosa tendencia que amenaza su sostenibilidad, se han visto en la necesidad de establecer la referida disposición de exclusividad.
   
En el juego de la competencia comercial la medida puede lucir una respuesta lógica y razonable, sin embargo, la medida afecta a otros intereses de otros agentes que concurren al mercado de los servicios de salud, al tiempo que violenta varias leyes que consagran el derecho del consumidor a la libre elección.
   
Por esas razones las autoridades de salud y de la seguridad social, así como el propio gremio médico, han reaccionado de forma negativa, rechazando las pretensiones de la organización que agrupa a los establecimientos privados de salud o clínicas privadas.            
En ese orden, Salud Pública, Sisalril, la DIDA, Pro Consumidor y los centros diagnósticos, como también el CMD, rechazaron que se obligue a los pacientes a hacerse los estudios clínicos exclusivamente en los centros donde serán intervenidos quirúrgicamente.
   
La reacción ha sido amplia, rápida y unánime en contra de las clínicas privadas. La motivación de fondo de ese amplio rechazo, no solo radica en las violaciones a leyes vigentes y a la misma Constitución, sino que tiene su origen en la tendencia que subyace en la institucionalidad económica capitalista y que induce a los agentes económicos al monopolio, tendencia que niega la aspiración ideal del sistema de mercado del “libre comercio” regido por la libre oferta y  demanda, ley económica que de cumplirse aseguraría el equilibrio y la justa distribución de los bienes económicos para la población. El monopolio por el contrario niega esos ideales al favorecer la concentración de la riqueza y la apropiación indebida, muchas veces ilícitas, de los bienes de todos, como sucediera con la Odebrecht.
   
Ese espíritu capitalista se ha visto refortalecido con la versión neoliberal que ha justificado el “libre mercado” sin regulación del Estado y de la sociedad. La falta de regulación es precisamente lo que da lugar al monopolio, acentuando la desigualdad y la injusticia. La pretensión de las clínicas privadas, aunque arranca de una amenaza que le crea ese mismo espíritu capitalista, responde con una medida que acentúa y agrava los defectos que están al interior del modelo económico de mercado, estableciendo la exclusividad de sus servicios y excluyendo a los demás del proceso de “apropiación” de los bienes de todos. Se trata de una pretendida solución de corte monopólica inaceptable. Con ello se agravaría el conflicto manifiesto, cuando lo que se debería buscar son las adecuadas regulaciones para que las clínicas se defiendan de las demandas por las supuestas malas prácticas médicas atribuidas a los análisis clínicos. La problemática presentada por la ANDECLIP debe merecer la atención de las autoridades.   

¡Pero, qué se regulen los monopolios!   


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