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Violencia indetenible

ACTUALIZADO 28.11.2017 - 12:09 am

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El país se encuentra sacudido por una profunda ola de violencia, en la que sobresalen los feminicidios y homicidios contra la mujer. La ocurrencia de casos de violencia contra la mujer se intensifica y todas las semanas se reportan dos o tres casos de acciones contra la mujer protagonizadas por hombres frustrados, resentidos y violentos que descargan su ira salvaje contra la mujer.
   
No valen marchas, campañas y ruegos indignados pidiendo el fin de la violencia. Los feminicidios y los asesinatos de mujeres prosiguen indetenibles y no parece que la sociedad y sus autoridades tengan la capacidad para combatir con éxito este tipo de problemática social, la cual se profundiza a medida que avanza la gran transformación que se registra en el país con la “globalización”.  
   
Hemos insistido en que ese problema debe abordarse a partir de un entendimiento psicosocial multidisciplinario que analice el cambio que se ha dado en el rol de la mujer y del hombre en el contexto de la modernización en un medio tradicionalista, pobre y cargado de ignorancia como es el dominicano. Ese proceso de modernización ha afectado negativamente los tradicionales mecanismos del control social que ejercían la familia, la escuela y el vecindario, agencias de socialización cuyas funciones se han desmantelado con la transformación.   
   
En ese contexto, el individuo comienza a carecer de las referencias que disciplinan su autocontrol, al tiempo que se debilitan las agencias del control represivo como la Policía, la Justicia y el Ministerio Público. Los individuos pierden el temor a esas autoridades en proceso de ausentismo, además de penetradas por el crimen organizado mediante la venta de su autoridad.  
   
De esa manera, la sociedad cada vez más se encuentra desguarnecida frente a la violencia y al crimen. La situación se agrava cuando no hay autoridades que entiendan la complejidad de esos procesos y por eso no saben cómo enfrentar la situación con políticas, planes y programas efectivos. Por el contrario solo atinan a anunciar acciones sin contenidos ni recursos conformándose con planes de publicidad, que más bien responden a la orientación vigente de hacer de la política una “oportunidad de negocios”.
   
Es lo que parece estar pasando con la acción oficial para combatir la criminalidad y la violencia contra la mujer. Se promueven marchas, se anuncian planes mediáticos y se inician campañas publicitarias. Pero se deja de lado la necesidad de implementar  en las escuelas una línea de educación no solo sobre la sexualidad, sino sobre el aprendizaje del nuevo paradigma liberador en la relación hombre-mujer en el marco de la modernidad, que debe ser la base pedagógica de la “nueva cultura” que defina la relación hombre-mujer.
   
Asimismo, no se definen líneas claras y prácticas para fortalecer las instituciones públicas responsables del control externo y de represión, como son la Policía, la Justicia y el Ministerio Público, instituciones que deben disponer de los programas y los recursos para la protección física y social de la mujer contra sus victimarios.

¡En fin, que no se deje la violencia contra la mujer a la “oferta y demanda” y/o a “la corrupción”!



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