19 Noviembre 2017 12:19 PM

PortadaOpiniónEditorial

Editorial

Constitución y reelección

ACTUALIZADO 08.11.2017 - 12:39 am

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

La política dominicana ha sido impulsada por una dialéctica de la historia que describe la contrariedad permanente entre Constitución y Reelección. La Constitución que encierra el plano de los ideales democráticos guiados por los principios de la independencia y alternabilidad de los poderes del Estado; y la Reelección que en el plano de la realidad fáctica niega la Constitución imponiéndole su modificación para facilitar el continuismo. De esa manera se expresa la voluntad oligárquica de las minorías que han impuesto  el tradicional modelo del “dominio personal”, materializado por el paradigma caudillista, que impone su voluntad particular por encima de la voluntad popular, fundamento de la democracia.
   
Bajo ese marco de actuación, los grupos que llegan al poder tienden de forma casi automática a sentir la necesidad de la continuidad en el ejercicio del poder, lo que se traduce en recurrir a la tradición cultural de la reelección y de ahí a manipular la institucionalidad del Estado y de los demás poderes sociales para promover la consecuente modificación de la Constitución para instituir la repostulación del Presidente y su posterior reelección, con lo cual se consolida el grupo auspiciador del continuismo, conjuntamente con los frentes oligárquicos que por lo regular se benefician de esa tradición.
   
En ese juego, la reelección sale gananciosa frente a los postulados democráticos de la Constitución, la cual se acomoda mediante continuas modificaciones según los intereses de los grupos que sostienen la tradición reeleccionista. Por eso no era extraño que con motivo del Día de la Constitución, se animara el debate sobre la reelección y la modificación de la Constitución, en la cual se consignó en su última reforma que los presidentes podrían repostularse para una única reelección posible de forma continua, lo que equivale a solo dos períodos de gobierno seguidos.   
   
Pero esa norma constitucional  que le impediría al actual gobernante una segunda repostulación, vuelve al debate con el propósito de volver a modificar la Constitución, de modo que pueda darse una nueva reelección. Ese debate encierra una realidad: la inestabilidad de la Constitución dominicana, la cual es objeto de una continua manipulación de los grupos que insisten en mantener la tradición de la reelección que necesariamente impone el modelo de la dominación personal, por lo cual se impide el avance y fortalecimiento de la institucionalidad democrática del país, que exigiría un modelo de dominación impersonal basado en la Constitución, las leyes y los procedimientos institucionales y organizativos del Estado derivados de la racionalidad de la Ley.
   
Ese debate también tradicional, nos habla de la imposibilidad que se ha dado en el país para estabilizar un esquema constitucional para la sucesión del poder político de forma democrática. Por eso cada proceso electoral encierra la eventualidad de una crisis sucesoral  del poder que potencialmente genera una expectativa de desestabilización  del sistema político. Esa expectativa desestabilizadora la protagonizan los grupos reeleccionistas y aquellos que aspiran a sustituirles para intercambiar la permanente tradición reeleccionista.

¡La democracia requiere estabilizar la Constitución por encima de la reelección!        



0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.




Anuncio Adwords