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Editorial

Huelga médica

ACTUALIZADO 12.10.2017 - 9:52 pm

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Los servicios de salud pública se vienen complicando cada vez más en el país, pese a la modernización y transformación del país que han venido aparejadas con el sostenido crecimiento y “progreso” de la economía en las últimas décadas.
   
Por múltiples razones ha aumentado la demanda de los servicios médicos en el país y ello ha sido factor decisivo para la expansión y actualización permanente que experimentan los servicios privados de salud. La estructura de la oferta privada en todo el país, pero sobre todo en Santo Domingo y Santiago, muestra el auge  que ha experimentado el buen negocio que ha sido la medicina privada. Pese a todos los problemas que se denuncian, un factor que ha contribuido a ese auge ha sido la implantación del sistema de  la Seguridad Social.
   
Pero si ese auge se manifiesta en el sector privado de salud, no ha resultado así en el sistema de servicios públicos, para el cual la demanda también se ha elevado dentro del mercado de la pobreza, tanto de origen dominicano como de origen haitiano, dado el masivo ingreso al país de los inmigrantes haitianos ilegales, que acuden a los servicios de salud público junto a una población criolla cada vez más numerosa, especialmente en los centros urbanos.
   
Por esas razones, a pesar de las inversiones y esfuerzos que hace el Gobierno en modernos establecimientos médicos nuevos o rehabilitados y equipados, los servicios de la salud pública se perciben por la población servida como cada vez más precarios y descuidados. La imprevisión que ha caracterizado el plan nacional de rehabilitación de hospitales, que tiene a más de 50 establecimientos intervenidos al mismo tiempo, ha agravado más el desastre de la salud pública.
   
Esa imprevisión y sus penosas consecuencias, así como la indiferencia e indolencia de las autoridades que se pone de manifiesto en el desorden en el manejo del personal administrativo y médico, ha gravitado en la generación de situaciones conflictivas y de descontrol que han derivado en una mala relación entre autoridades y los gremios profesionales de la salud. Estos últimos se han mantenido en pie de lucha y con frecuencia se han registrado  paros y huelgas que han obligado  a una negociación que culminó el año pasado en el último acuerdo entre el CMD y las autoridades de salud, poniéndole fin a unos reclamos por aumento salarial de los médicos y a unos compromisos de éstos para cumplir con obligaciones contractuales en el trabajo.
   
Cuando se daba por finalizado el conflicto, nuevamente estalla una huelga que a quien más perjudica es a la población pobre que busca los servicios de salud, mientras los médicos vuelven al recurso de la huelga y las autoridades a negar que hayan incumplido con los acuerdos, tal como sostienen los médicos.  
   
Las razones de esta nueva situación no quedan claras. Lo que salta a la vista es la poca seriedad en la que han caído profesionales y autoridades en el marco del actual cuadro político regido por actores guiados por la “cultura del tigueraje”.

¡Un cambio de actitudes y de actores es imperativo!



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