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La “cultura del tigueraje”

ACTUALIZADO 10.10.2017 - 9:56 pm

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El reputado psiquiatra José Dunker ha acuñado el concepto de la “cultura del tigueraje” para referirse a los aspectos de la descomposición del comportamiento moral y político que caracterizan la dominicanidad de hoy día. El concepto tiene que ver con la emergencia de sectores populares a las esferas sociales y políticas, los cuales imponen en su ascenso social un comportamiento informal y primario, contrario a las convenciones más formales, pasando a  relajar las buenas costumbres y las normas  más formales del comportamiento, sobre todo cuando se trata del ejercicio del poder político.
   
Ese relajamiento de la conducta se asocia a otros procesos como es el avance de la conducta ilegal y delictiva que se conectan con el auge de la corrupción, todas conductas desviadas que son apoyadas por variados segmentos de la población a medida que el “tigueraje” asciende social y políticamente, llenando y asaltando las instituciones públicas que conforman el Estado.
  
Otros síntomas de ese avance del “tigueraje” nos los presenta la prensa de estos días, la cual se ha concentrado en mostrar esos patrones de conducta, tal como se describe en lo que establece Amnistía Internacional en su último informe del Barómetro Global de la Corrupción, cuando afirma que República Dominicana ocupa el segundo lugar entre los países de la América Latina y el Caribe, que paga más soborno para acceder a los servicios públicos. Según este índice de sobornos, el 46% de los encuestados pagó sobornos por algún servicio público, superado solo por México con un índice de 51% y seguido por Perú con un 39% y Venezuela y Panamá con un 38%.
   
Eso es un claro indicador del avance de la “cultura del tigueraje” en la conducción social y política del país. Pero igual se puede decir del novelesco caso de “Quirinito” que describe cómo ha penetrado la corrupción en los estamentos judiciales del país, descomponiendo el correcto funcionamiento del Poder Judicial, lo que ha favorecido la legitimación de la conducta delictiva, convirtiendo hasta en héroes a los “tígueres” más listos y “sabichosos” para burlar el orden jurídico de la nación.
   
El caso del presidente de la Federación de Estudiante de la UASD, acusado de estafar a sus propios compañeros de universidad, sigue en esta cadena de hechos que revelan hasta dónde ha calado la “cultura del tigueraje” disolviendo el orden social dominicano. Y como esos ejemplos son cientos los casos que revelan como esa cultura que viene de raíces más profundas se ha fortalecido con los comportamientos que ha traído  consigo la “modernización” en el marco de estas sociedades neoliberales, sobrepasando los límites que amenazan la misma democracia dominicana, haciéndola cada vez más vulnerable y débil, como consecuencia de la impunidad reinante y por la peligrosa tendencia a la monopolización que se ha registrado en el sistema de partidos.
   
Los segmentos más sensatos y conscientes de la sociedad civil tienen que elevar su conciencia sobre esos peligros y pasar a la movilización activa y firme que viabilice la nefasta incidencia de la “cultura del tigueraje” en la vida política de la nación.

¡Qué se enfrente ese mal social!  



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