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Editorial

Urge la planificación

ACTUALIZADO 09.10.2017 - 10:54 pm

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Pese a los supuestos avances en la Administración Pública siguiendo la modernización del Estado, la planificación como instrumento racional para el correcto uso de los recursos, sigue en rezago. Un ejemplo que pone de manifiesto esa realidad es el incumplimiento de la Estrategia Nacional de Desarrollo, cuyas acciones y metas no han sido referencia para la toma de decisiones de los gobiernos, no obstante haber sido convertido en LEY por el Congreso de la República.   
  
Los planes y acciones públicas, por el contrario han obedecido a la lógica de la política como negocio y a la estrategia de gobernabilidad, cuyas aplicaciones combinadas han asegurado la más alta favorabilidad de los gobernantes en las preferencias electorales. Negocios y clientelas son las referencias para la toma de decisiones, por eso la planificación a mediano y largo plazo con vistas a racionalizar los recursos y la administración pública, han quedado relegados a un segundo o tercer plano.
   
Esa realidad de la dinámica del poder, ha provocado que aspectos importantes para el desarrollo del país hayan quedado fuera de las prioridades de la agenda de gobierno. Tal es el caso del plan nacional de presas, que en los últimos años ha quedado postergado en su aplicación. La última presa de la que se tiene conocimiento y decisión gubernamental, es la de Monte Grande en el Sur y su ejecución ha estado cargada de interrupciones por las dificultades para su financiamiento, lo que hace incierta su construcción. Asimismo, no se ha vuelto a plantear las presas de Inoa y de otras contempladas para la Línea Noroeste, las cuales permitirían el control de las inundaciones que se provocan por el desagüe de la Presa de Tavera y por los ríos de Inoa y Guayubín, mayores afluentes del Yaque, responsables de las inundaciones de las comunidades de esa región.
   
Situación similar se presenta en la zona del Bajo Yuna, con el desagüe natural de la Presa de Hatillo y las inundaciones que provocan los afluentes del río Yuna debajo de la presa, como es entre otros el río Camú, cuyas aguas represadas esperan por la terminación de la presa de Guaigüí, en La Vega, abandonada hace años.     
   
Ahora que se han hecho más frecuentes las inundaciones tanto en el Bajo Yuna como en la Línea Noroeste y más frecuentes los cuantiosos daños en los servicios públicos en las comunidades afectadas, así como los daños a las viviendas y a la agricultura, surge la necesidad inminente de un sistema de control de inundaciones y de una modificación en los patrones de asentamientos humanos, cuya formulación e implementación requiere de la planificación y ejecución de un plan de presas y de un plan de ordenamiento territorial. Los gobiernos tienen que decidir el Plan de Ordenamiento Territorial y retomar la ejecución  del Plan Nacional de Presas, para que el país pueda avanzar hacia su desarrollo, haciendo un uso más racional de sus recursos naturales, como son agua y tierra.
   
Hacer negocios y conseguir votos, no deben sobreponerse  a los requerimientos del desarrollo.

¡Qué se retome el plan de presas!



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