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Editorial

Iglesia, justicia y sociedad

ACTUALIZADO 08.10.2017 - 8:45 pm

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El sistema de justicia dominicano está añejo, muy agotado incluso; la justicia luce distante de la modernidad; peor aún, de la ética.
   
Esta situación preocupa a la Conferencia del Episcopado Dominicano, instancia de la Iglesia Católica que levanta su voz contra la fragilidad del Poder Judicial.
   
Cierto, así se observa en la cotidianidad, representantes del Ministerio Público y jueces de los distintos tribunales aplican con desaciertos las leyes y los mandatos de la Constitución.
   
Quienes están encargados de elaborar los expedientes descuidan una redacción eficaz, porque se alejan de los preceptos establecidos en los códigos y no presentan las evidencias suficientes para que los magistrados no dictamen sanciones acorde con la gravedad de los casos que se conocen.
   
Muchos jueces, en cambio, aprovechan la debilidad de los recursos sometidos por fiscales, y se escudan en esas situaciones como excusas para liberar a criminales, sicarios, narcotraficantes y delincuentes.
   
Se trata de un proceso que, en muchos procedimientos, tienen como común denominador la corrupción, porque los actores de la justicia abandonaron los principios éticos y se comercializan sentencias como cualquier mercancía.
   
República Dominicana cuenta con una jurisprudencia que se nutre en los avances del derecho, pero algunos de los actores encargados de ejecutar, administrar y aplicar justicia se comportan como mercenarios, ya que por dinero ordenan la libertad de asesinos que constituyen una amenaza contra la paz de la población nacional.
   
Esta actuación frágil de magistrados que entran en complicidad con el crimen organizado, explica la fuga del sicario y narcotraficante Pedro Alejandro Castillo Paniagua (Quirinito), quien amparándose en un acta de defunción ha logrado burlar la justicia.
   
Falta de visión y de conceptos de quienes son responsables de aplicar justicia “deshonran” los tribunales, porque se otorga libertad a cambio de recursos económicos.
   
El Poder Judicial requiere con urgencia de una profilaxis, a fin de excluir de sus estructuras a los corruptos, lo que debe alimentar una reforma transformadora que establezca el adecentamiento de la judicatura y lograr que  la conducta de los magistrados y fiscales esté en consonancia con las leyes y la Carta Magna, ya que eso es clave para un régimen político democrático.
  
Para que la justicia funcione con equilibrio, es el reto de quienes deben administrarla y aplicarla, se deben sancionar a todos los que violan las leyes y la Constitución; de lo contrario no es justicia y la sociedad marcha al hacia el caos y la disolución.
   
Hay que rescatar a la justicia para garantizar el orden y mantener en las cárceles a quienes perturban a la  sociedad dominicana.

Violencia

La violencia y la delincuencia ameritan que se preste la debida atención a esa problemática, debido a que en este momento no hay sosiego en la nación.
   
Todos los segmentos sociales están en el deber de unir energías y voluntades para enfrentar a quienes crean un ambiente de inseguridad, mediante asaltos, robos, asesinatos, distribución de drogas y violaciones.
   
Hay que promover valores para aplastar los antivalores y construir una República Dominicana sustentada en la fe, paz, amor, armonía y solidaridad, porque así lo necesitan las familias dominicanas.


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