24 Septiembre 2017 10:15 AM

PortadaOpiniónEditorial

Editorial

“Por ahí no es”

ACTUALIZADO 11.09.2017 - 6:52 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

La “Marcha Verde” ha formulado un planteamiento que puede interpretarse como un gesto audaz, lleno de coraje y animador de la indignación nacional. Se trata del anuncio que se propone someter al Presidente como principal responsable del caso Odebrecht y de Punta Catalina, además de su asociación con Joao Santana.
   
El anuncio para muchos puede ser una expresión de valentía que buscaría mantener viva la movilización que ha protagonizado el “movimiento verde”, frente a la dominación política que se ha establecido en el país, lo que algunos denominan la “Era del PLD”. Son pocos los que se atreven a desafiar esa dominación, incluso algunos han llegado a extremar el reconocimiento de ese gran poder construido, señalando la osada afirmación de que ni los “americanos” han podido con la fuerza alcanzada por el grupo gobernante.
  
¿Cómo se ha construido ese fuerte poder dominante?  Veamos: Primero en un sistema socioeconómico fundamentado en el intercambio institucionalizado mediante el Mercado, se produce como resultado la apropiación en gran o menor medida de los beneficios de la producción de bienes y servicios por parte de los que controlan los factores que intervienen en los procesos productivos. Segundo, que a partir de esa labor de apropiación, los dueños de los medios de producción se elevan a la categoría de poderes fácticos que no solo imponen su ideología que lo justifica y legitima, sino que imponen a través del Estado que controlan las políticas de su interés y la fijación de los precios de mercado, procesos que los convierten en poderes monopolísticos y concentradores de gran parte de la riqueza y del poder, con lo cual se convierten en clase gobernante y clase dominante de la economía y del Estado.   
   
Esa lógica del sistema económico y político del capitalismo, se da a nivel global donde los grupos fácticos dominan las instituciones internacionales que conforman el Gobierno global, pero aún en países pequeños y periféricos como es el caso dominicano, esa lógica se ha aplicado al pie de la letra por un grupo bien entrenado y formado en la vieja teoría marxista sobre el Estado que rezaba así: “El Estado es la superestructura política y jurídica que responde a los intereses de la clase dominante”. Esa clase dominante la conforma la cúpula del partido de Gobierno y sus relacionados.
   
Entendida esa lección que nos enseña el método dialéctico de la historia, entonces es fácil colegir que frente a ese poder, una amenaza como someter al Presidente, resulta un despropósito emocional que arranca de ignorar cuáles son los procesos que determinan el poder, su alcance y legitimidad, que los hace  inmune, impune y corrompido, como condiciones  para la maximización de la apropiación del “producto social acumulado” y del poder total.
   
Someter al Presidente, solo abre otra posibilidad para exhibir y consolidar su poder, como evidenció con el manejo de la Justicia en los casos de Odebrecht y los Tucanos. Esa no es la vía. Los pensadores críticos del “capitalismo salvaje”, como lo fuera el Reverendo François Houtart enseñaba que la vía es “deslegitimar al capitalismo, para reconstruir la esperanza”.

¡Documenten y racionalicen las denuncias!



0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.




Anuncio Adwords