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Editorial

Convivencia pacífica

ACTUALIZADO 08.09.2017 - 9:39 pm

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Los pueblos requieren de un ambiente sosegado y de un sistema político humano que garantice la convivencia pacífica para desarrollar aspectos claves como producción, economía, educación y todo cuanto asegure alegría y felicidad.
   
Esto implica que todos los habitantes de una nación releguen sus aspiraciones particulares y, en cambio, coloquen en primer plano los intereses nacionales y al unísono asumir una cruzada por la evolución sostenida de la sociedad, en la consecución del bienestar colectivo.
   
Además, es preciso huir del odio, la venganza y los antivalores, porque así se establecerán las condiciones para cohabitar en plena armonía.
   
Colombia, país que 54 años después de una confrontación bélica entre los miembros del Ejército Regular y los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas, cuya acción dejó cientos de miles de muertos, ha logrado un acuerdo de paz, es un ejemplo de que el diálogo puede erradicar el lenguaje de la guerra.
   
El Papa Francisco, mensajero de fe y esperanza, realiza una gira oficial por Colombia, la cual aprovecha para llamar a todo el pueblo a superar los rencores y abrazarse del perdón para consolidar el proceso de paz que está en marcha.
   
Cierto, es una realidad, la coexistencia implica que los ciudadanos sin importar su estatus, aúnen esfuerzos, energías y voluntades para edificar la cultura de la paz.
   
Su Santidad ha levantado su voz para que los colombianos se concentren en la producción y un espacio apacible, debido a que es determinante para dejar atrás los resquemores provocados por la guerra y transformar a Colombia en un territorio saludable y habitable que se alimente en principios éticos, trabajo y el amor por los semejantes.
   
También, en los demás países de América Latina y el Caribe se debe tomar el discurso del Santo Padre para construir sociedades nobles, humanas, equitativas, democráticas y con equidad, porque la paz debe nutrirse en la distribución equibrada de los bienes y riquezas, respeto a los derechos humanos  y la aplicación de justicia con severidad.
   
A trabajar, entonces, por una verdadera convivencia pacífica en nuestra región y el mundo.


Rebeldía de la naturaleza


Parece ser que la madre naturaleza se torna cada día más rebelde, lo que podría ser una reacción frente a las agresiones que ejecuta el ser humano contra la flora y la fauna.
   
El paso del huracán Irma por las islas del Caribe, así como por República Dominicana, dejó, muertes, destrozos, temor y la devastación de franjas geográficas, cuyo fenómeno evidencia la desigualdad social y económica, puesto que los efectos demoledores golpean a los grupos empobrecidos de nuestras naciones, quienes conforman la mayoría.
   
No bien se recupera la región de los embates de Irma, cuando ayer México fue sacudido por un sismo de 8.2 grados, el cual dejó un balance trágico con decenas de muertos y la destrucción de medios de producción.
   
Deforestación, cambio clamático y calentamiento global aceleran los fenómenos naturales que causan estragos en el mundo.
   
Hay que garatizar un adecuado equilibrio entre los ecosistemas y el hombre para frenar la degradación del medio ambiente, por la tranquilidad de la humanidad.



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