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Editorial

Preservemos la República

ACTUALIZADO 06.09.2017 - 10:23 pm

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Así como el país y su Gobierno se han preparado, eso sí, mediante un operativo nacional de emergencia, frente a la eventualidad muy probable de los daños que habrá de traer el ciclón Irma, el país desde hace tiempo debió prepararse mediante un gran y sistemático “operativo” institucional para impedir la inmigración haitiana descontrolada, que para muchos dominicanos constituye un motivo de preocupación e incertidumbre, sobre todo cuando se piensa que fuerzas internacionales están interesadas en que la RD sea la solución a la migración haitiana.   
   
Los últimos incidentes que agravan la situación la protagonizan  las parturientas haitianas que acuden a los hospitales nacionales, situación que ya ha provocado acciones agresivas y descompuestas de parte de grupos que se identifican con el odio antihaitiano. Por esa vía la convivencia pacífica y armónica entre los nacionales  diferenciados de ambos lados de Quisqueya, no augura un armónico futuro.   
   
Del lado dominicano más bien se refuerza la falsa ideología de los grupos empresariales y políticos de que “el dominicano no hace los trabajos que están dispuestos hacer los haitianos”. Se trata de la misma ideología que germinara en el “gremio”  de administradores de los ingenios azucareros, para quienes “los dominicanos no cortan la caña”, ideología que se mantuvo enclaustrada en los bateyes, hasta que a partir del 1986 se descontinuaran los contratos del CEA con el Gobierno haitiano, liberalizando la entrada de haitianos irregulares, ya no solo para la caña, sino para múltiples renglones de la economía a la que se ha integrado la masiva inmigración ilegal. La frontera así quedó a merced de los traficantes de haitianos, convirtiéndose en espacio libre para el contrabando y la corrupción.  
   
En esa situación ha jugado un papel fundamental, además de los empresarios orientados por el modelo de economía de salarios bajos, los políticos, gobernantes y funcionarios civiles y militares promotores de la corrupción y la impunidad migratoria. Son esos grupos de intereses los que han difundido la falsa creencia de que los dominicanos no trabajan en tareas que son para haitianos. Y es una creencia falsa e interesada porque en el propio CEA, se llevó a cabo un plan piloto de dominicanización del corte de la caña, que demostró que mejorando ciertas condiciones sociales y salariales, los dominicanos no solo se integraron a esas labores, sino que alcanzaban más del doble del rendimiento que los haitianos; ganando también más del doble de ingresos que los haitianos; y lo más interesante que al CEA le salía más barato trabajar con dominicanos que con los haitianos, si al costo de la operación se le prorrateaba el costo de la comisión que el CEA le entregaba a los dictadores del vecino país. Esos hallazgos merecieron de la casta de los administradores el engavetamiento y archivo del estudio. Hoy vemos como esa ideología se ha propagado y reforzado alimentada con el pesado clima de la corrupción y la impunidad.
   
La República no se preservará con  el odio a los haitianos, que no son más que gente huyendo de la miseria. La responsabilidad  reside en los gobernantes y cúpulas empresariales, quienes deben decidir el gran “operativo patriótico” de preservar la frontera y la República.

¡Qué operemos la frontera!  



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