26 Abril 2017 9:24 PM

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Editorial

Convocatoria del CNM

ACTUALIZADO 26.04.2017 - 7:03 pm

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El presidente Medina finalmente se ha decidido a convocar al Consejo Nacional de la Magistratura, con la misión de elegir a los nuevos jueces del Tribunal Superior Electoral, así como a otros magistrados que integran a la Suprema Corte de Justicia y el Tribunal Constitucional. Se trata de una decisión que viene en un momento oportuno y conveniente para el propio Gobierno, agobiado por el problema internacional del caso de corrupción de la Odebrecht, multinacional brasileña que ha actuado en el país y que ha operado como aliada a los gobiernos de la región en la ejecución y financiamiento de obras y de campañas electorales.
   
La convocatoria del CNM con esa esperada y delicada misión, le abre al Gobierno un espacio de discusión y debate nacional que sirve de distención respecto al fuerte estrés que encierra el pesado expediente de la Odebrecht, por su impacto en la “desestabilización” del propio Gobierno o al menos en su popularidad y aprobación. También la convocatoria ofrece la oportunidad a la debilitada democracia dominicana, para que se conformen o se renueven esos organismos claves con ciudadanos que sean profesionales probos, independientes y de reputada moralidad, de modo que esos organismos operen con la esperada y necesaria idoneidad y legitimidad, de modo que se fortalezca la institucionalidad democrática del país.
  
Esos órganos de la alta Justicia y del poder electoral no pueden estar en manos de activistas de ningún partido en particular, ya que sus decisiones estarían condicionadas por el compromiso partidario, contrariando el principio democrático de la independencia de los poderes. Es lo que ha sucedido con los fallos de la SCJ al tratar los sonados casos de corrupción que fueron archivados o desestimados por afectar a funcionarios del partido de Gobierno. O como sucediera con el Tribunal Superior Electoral que, al integrarse en función de un reparto partidario, emitió más de treinta fallos en contra de las facciones opositoras, con el único propósito de dividir a la oposición, condición que era necesaria para asegurar el triunfo electoral del partido de Gobierno, tal como sucediera también con la ayuda inescrupulosa de la antigua JCE.
   
Esa situación, absolutamente inaceptable, es lo que vulgarmente se denomina como la democracia secuestrada a favor de un partido de Gobierno que monopoliza y concentra todo el poder, impidiendo el libre juego de las fuerzas partidarias en el marco de una competencia equilibrada y sana. De modo que al convocar al CNM para iniciar la escogencia de esos nuevos jueces y magistrados, el presidente Medina, con su amplia mayoría en el propio Consejo, está abocado a la siguiente disyuntiva: o dirige el proceso para conformar esos organismos apegado al principio de la separación de los poderes, favoreciendo la escogencia de personas decentes y que garanticen decisiones fundamentadas en derecho, para dejar un legado que favorezca a la democracia dominicana; o sigue con la nefasta jurisprudencia de escoger activistas partidarios que garanticen decisiones favorables a los intereses de su partido, haciendo retroceder aún más el régimen político a los tiempo superados de la dictadura.

¡Ojalá que se oriente por el camino democrático!



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