28 Junio 2017 8:27 PM

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Editorial

El combate a la corrupción, un debate urgente

ACTUALIZADO 28.06.2017 - 6:14 pm

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El reclamo popular en la lucha contra la corrupción es justo. La causa o el origen de la corrupción en nuestro país debe seguir investigándose a fondo, frente al reciente escándalo internacional de la compañía constructora Odebrecht.
   
La impunidad que produce la permisividad es lo que alienta inconductas como la corrupción y que en el citado caso parece haber alcanzado un carácter crónico, que deviene como práctica desde el pasado, y que hay que cambiar y combatir.
  
El Gobierno y toda la clase política dominicana deben asumir una estrategia de fortalecimiento del entramado legal e institucional de manera, que aquello que impide el verdadero desarrollo, la paz y la justicia social, comience a revertirse a través de la modificación del marco legal, cambios que lleven a desincentivar y eliminar esa práctica tan negativa y perjudicial para el bienestar de todos los dominicanos.
   
La corrupción, como ya sabemos, empobrece y afecta especialmente a los sectores más vulnerables de la sociedad. Es inaplazable el debate nacional acerca de la corrupción, incluyendo a los partidos políticos, ciudadanos y ciudadanas. Tal debate tiene carácter urgente y necesariamente debe llevar a modificaciones del marco constitucional que pongan alto a un flagelo que lastima y vulnera a toda la sociedad en su conjunto.
   
Ante los hechos mencionados arriba, el ciudadano común tiene temor de entrar en el debate y “la política”, como frecuentemente se de dice, sin embargo, debemos recordar que la comunidad política es aquella que comprende a todas las otras comunidades en las que vive el hombre (aldea, escuela, familias etc.) De ahí que la comunidad política, será no sólo la que persiga el bien superior, sino también el fin último al que tienden las otras comunidades menos perfectas, porque sin duda alguna, la más perfecta de todas las comunidades en la que puede vivir el hombre debe ser la comunidad cívica o política, porque en ella se resuelven en sí mismas no solo las urgencias del vivir sino también, el bienestar, es decir el bien común, y con él, todas las problemáticas de las otras comunidades que unen la vida de los hombres y los pueblos.
  
Todos debemos contribuir en la creación de un orden moral objetivo que se erige para superar la impunidad y la corrupción.  

¡No permanecer indiferentes ante este grave problema!


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