La campaña tan extensa como intensa al llegar a su final, ha dejado ver con suficiente claridad que las organizaciones alternativas han aprovechado la oportunidad para dar a conocer su visión y misión de la política muy diferente a los partidos mayoritarios, pero su posicionamiento está todavía muy distante de poder alcanzar el poder político de la Nación. Deberán continuar profundizando su trabajo político para lograr ser consideradas reales opciones de poder en el porvenir.
El PRD y su candidato, con su contagioso lema de “llegó papá” han concitado un gran apoyo popular, especialmente en los sectores medios, pobres y muy pobres, llegando a colocarse como el favorito en la mayoría de los “sondeos informales”, aunque en las encuestas profesionales ha ido reduciendo su posicionamiento, incluyendo aquellas encuestas que trabajan por su causa.
El PLD y su candidato también han agotado una agenda intensa con la integración del partido oficial, apoyado además por la intensa campaña del gobierno a su favor y por la atractiva imagen de la Primera Dama, quien ha emergido como la figura más popular del escenario político nacional. Esa combinación de circunstancias le ha permitido a la candidatura oficialista ir de menos a más, de tal manera que la mayoría de las encuestas profesionales la sitúa, al final, como puntera en las preferencias electorales.
¿Cuál será el ganador y cuál la posición final de todos los candidatos? Eso lo sabremos, probablemente, el próximo lunes. Como también sabremos, y ya hay ciertos indicios, que se habrán de repetir los mismos vicios e irregularidades que son típicos en nuestras elecciones y sobre los cuales la organización cívica Participación Ciudadana ya nos viene reportando a través de sus informes de observación.
El peligro
Esas irregularidades son las que determinan que los gobernantes que surgen de las elecciones, por lo regular, resultan más legitimados por la manipulación del poder fáctico, que por la legitimación democrática que debe manifestarse en el ejercicio de un voto libre y consciente del electorado. La pobreza de grandes segmentos del electorado, la motivación clientelar de otros muchos y la gran capacidad fáctica de aquellos que controlan la institucionalidad y los recursos económicos del Estado y de la sociedad privada, son condiciones que aplastan la Voluntad Popular y la verdadera legitimación democrática de nuestros gobernantes.
Esa conclusión describe la base política de una nueva dictadura que es el gran peligro que está corriendo nuestra vulnerable democracia.
¡Hay que repensar la democracia dominicana!
