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Editorial

Explosiones urbanas

ACTUALIZADO 15.01.2019 - 7:48 pm

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A los habituales problemas que abaten a la población como consecuencia de un progreso institucionalmente desordenado, como son la criminalidad, la corrupción y la reelección, se agrega ahora el fenómeno de las explosiones urbanas dentro de instalaciones industriales y comerciales, ampliando con ello el abanico de la inseguridad ciudadana.
   
No hace tiempo ocurrió en Santo Domingo la explosión de una fábrica de plásticos con un lamentable saldo de varias personas muertas, otras tantas heridas y una secuela de destrucción de viviendas. Ahora otra fábrica recicladora de aceites explosionó en otro barrio popular de Santo Domingo Oeste en la zona de Manoguayabo, dejando un saldo de dos personas fallecidas y varios heridos, además de equipos y materiales destruidos. El hecho se habría originado al explotar la caldera de la empresa, y se está en espera del informe de los bomberos para determinar el origen de la explosión.
   
La novedosa situación no solo debe mover a la reflexión sobre el crecimiento desordenado de las actividades empresariales dentro del desarrollo urbano de Santo Domingo, sino también a la constatación de la falta de supervisión de las instituciones públicas, responsables de que las instalaciones comerciales e industriales observen los protocolos que garanticen la debida seguridad industrial, de modo que el desarrollo de las actividades en esas instalaciones ofrezcan el menor riesgo para sí mismas y para la población que reside alrededor de ellas.   
  
El no cumplimiento de las normas de la seguridad industrial puede traducirse en accidentes fatales y perjudiciales, tal como los que se han producido en Santo Domingo de manera sucesiva en las instalaciones de Polyplas y en la fábrica recicladora de Manoguayabo.
  
Se hace más que evidente la necesidad de que las instituciones públicas con responsabilidad en el monitoreo de los protocolos de la seguridad industrial, pasen a revisar el cumplimiento o no de sus responsabilidades como instituciones que deben garantizar el buen ordenamiento urbano y de las instalaciones comerciales e industriales, instalaciones éstas que deben ser supervisadas con regularidad para asegurar el cumplimiento de los estándares para la buena seguridad industrial de esos establecimientos.
   
Cumplir con eficiencia esos estándares de seguridad industrial no es una barrera para la “libre iniciativa” de negocios, sino una necesidad social y humana para que las actividades económicas, industriales y comerciales, se den dentro de un orden institucional que asegure el mayor bienestar con seguridad a la población, como de sus propios empleados y trabajadores, así como también para sus propietarios.
   
Parece urgente, pues, que las instituciones públicas responsables del cumplimientos de las normas de la seguridad industrial, pasen a realizar un mapeo del estado de inseguridad en que se están desenvolviendo, probablemente, muchos establecimientos industriales y comerciales, que por la falta de cumplimiento de los estándares de seguridad en sus operaciones, se han podido constituir en seria amenaza para los habitantes del Gran Santo Domingo, donde se ha acumulado un gran desorden institucional junto al “progreso y la modernidad”.

¡Ordenemos la “casa” antes de que explote!


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