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Maduro: triunfo “pírrico”

ACTUALIZADO 21.05.2018 - 11:44 pm

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Como era de esperar el presidente Maduro de Venezuela se reeligió con la proporción de votos más altas frente a sus competidores, pero en unas elecciones nacionales con el más alto nivel de abstención, el cual sobrepasó el 60 % de los electores.
   
El triunfo por el momento reanima al movimiento chavista en medio del más prolongado acoso de sus oponentes internos, aliados a las fuerzas internacionales que encabezan los EEUU y la Unión Europea, quienes han desatado una “guerra económica” y política contra el régimen chavista, provocando un largo período de desabastecimiento, así como de desestabilización de la economía venezolana, con elevadísimas tasas de inflación y de devaluación de la moneda.
  
Ese estado de “guerra económica” ha provocado la pérdida de apoyo popular del régimen, reflejado en los resultados electorales, régimen que se empecina en la reconversión de la economía capitalista, cuyas estructuras sobreviven en Venezuela y de las cuales surge la capacidad de resistencia desde el interior de las empresas privadas aún no suplantadas por la “revolución bolivariana”. A esa resistencia interna se ha unido el poder fáctico internacional que impulsan las fuerzas imperiales.
   
De esa manera, el régimen chavista más que sustentarse en la legitimidad democrática, se afinca en la legitimidad fáctica que proviene de la unidad que hasta ahora ha exhibido el ejército bolivariano, sustento armado de la revolución. El triunfo electoral del chavismo encabezado por Maduro, dentro de esas condiciones, más bien confirma la precariedad institucional en que transita la “revolución bolivariana”, la cual hasta ahora no ha podido encontrar la fórmula para una estrategia económica y política que permita una reconversión  eficaz y eficiente de la economía capitalista por otra de naturaleza socialista. Ese es el gran desafío dialéctico, hasta ahora utópico.    
   
En ese intento fracasó el ensayo de Allende en Chile, también el largo experimento soviético y en cierto sentido se puede contar el intento cubano con la “revolución castrista”. China y Vietnam se pueden sacar del grupo, porque aceptaron convivir con  una economía de mercado capitalista, regulada por la dominación política monopolizada por el Partido Comunista.
  
El triunfo de Maduro pone en evidencia esas contradicciones dialécticas que encierra el propósito de instaurar el socialismo, sin superar las estructuras institucionales del sistema capitalista. Al mismo tiempo, el triunfo no deja de ser tan audaz como “pírrico” porque evidencia la pérdida de legitimidad democrática en el contexto de la lucha internacional, por efecto tanto de las consecuencias corrosivas de la guerra económica, como por la incapacidad, o imposibilidad, de una estrategia efectiva que cree las condiciones de una economía capaz de responder a las necesidades básicas de una población que se desintegra y busca como refugio la emigración masiva.
   
Hasta ahora la imposibilidad de impedir ese proceso de desintegración de la nación venezolana, es lo que justifica que se considere como “pírrico” el triunfo electoral de Maduro, el cual seguro que profundizará la lucha de la oposición y, sobre todo, del propio Imperio. A Venezuela le esperan todavía momentos aún más dramáticos.

Mientras tanto, proseguirá la agonía de Venezuela.


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