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Editorial

Campaña y precariedades

ACTUALIZADO 19.09.2019 - 7:56 pm

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La campaña preelectoral se desenvuelve con una profusa utilización de recursos para movilizar prosélitos y para intensificar la publicidad, a modo de situar a los precandidatos que concurrirán a las primarias que protagonizarán el 6 de octubre el PLD partido oficial y de real oposición a la vez, y el PRM como el partido de la vieja oposición.
   
Los  posibles ganadores saldrán del cuarteto que conforman Leonel Fernández, Hipólito Mejía, Gonzalo Castillo y Luis Abinader. De los cuatro, se espera, si todo se da relativamente normal, que salgan los dos candidatos que se disputarán la presidencia de la república en las elecciones nacionales de mayo del 2020. Sin embargo, dada la importancia y forma de estas primarias, se cree que de las mismas saldrá el próximo presidente de la república.
   
De ahí que estas primarias se vivirán como un momento de “vida o muerte”, al menos para los dos perdedores que saldrán del evento, mientras que para uno de los dos victoriosos, esos resultados sellarán su triunfo para mayo.
   
Por eso estamos presenciando una lucha intensa y a todo dar en cuanto a la aplicación de recursos técnicos, publicitarios y financieros como si las primarias se trataran de las elecciones nacionales. El uso profuso de recursos y de intenso proselitismo, tienen el propósito no solo de persuadir al electorado, sino de provocar un “efecto demostración” respecto a quién cuenta con la mayor cuota de los poderes fácticos oficiales y privados, que aseguren los buenos resultados.
   
Por eso se cree que estos comicios serán determinados no por la voluntad del pueblo, sino por la voluntad del dinero y del poder fáctico. Y por eso también los contendientes se disputan el apoyo del sector privado empresarial, especialmente a nivel de su cúpula, pero olvidándose de la oferta de una propuesta programática a la nación, por lo cual el debate resulta vacío de contenido y de lineamientos para enfrentar los problemas del país.    
    
¿Qué harán con el crecimiento económico y la desigualdad asociada, para que el país se enrumbe hacia un desarrollo equilibrado con prosperidad para todos? ¿Qué se hará con la energía eléctrica, el desabastecimiento del agua, la generación de empleos de calidad; la racionalidad y calidad del gasto público y el endeudamiento; la ineficiencia del Estado como prestador de servicios públicos como educación, salud, viviendas y seguridad; con el fortalecimiento de la institucionalidad fundada en el respeto a la Ley y la Constitución, para que la nación pueda combatir la corrupción, la impunidad, la criminalidad, los feminicidios, la inmigración descontrolada y los ecocidios ambientales, de modo que el país pueda ser vivible para los dominicanos y siga siendo atractivo a los visitantes?
   
Dejar la política a un puro juego de poderes fácticos excluyendo al ciudadano y sus angustias cotidianas, solo presagia la vuelta a un régimen oligárquico y  autoritario, y con ello veremos llegar la muerte de la democracia  y su legitimidad democrática.
Urge, pues, que los políticos vuelvan a los fundamentos de la política para que puedan interpretar adecuadamente la realidad nacional y a trazar los lineamientos para reorientar el rumbo que lleva el país, que más que de “progreso y prosperidad” parece de quiebra y fracaso.

¡Todavía estamos a tiempo!  


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