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Lenguaje y significado

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Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 10.01.2017 - 8:46 pm

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Por Ingrid González de Rodríguez.- Es difícil responder a las cuestiones filosóficas usando los métodos de la ciencia. Para saber qué es la bondad o qué es una acción libre, no existe ningún experimento en el laboratorio, o algo por el estilo. De ahí que los filosofos las estudian analizando conceptos, por ejemplo preguntando a la gente, qué quieren decir cuando utilizan la palabra “Bueno”.
   
En el siglo XX, el análisis linguístico empezó a dominar la metodología filosófica, una tendencia potenciada por los avances de la lógica. A partir de ahí los filosofos empezaron a considerar el lenguaje por derecho propio. Además de estudiar el significado de las palabras.

¿Qué son los significados?
“Expresiones del lenguaje como «Juan», «España» o «Mediterráneo», designan entidades concretas y singulares, entidades, por tanto, que exhiben una existencia particular, mudable, contingente y localizable espacio-temporalmente. En cambio, «hombre», «país» o «mar» son términos que parecen denotar entidades por completo diferentes, entidades que propiamente no existen, sino que en principio tan sólo son; que, por tanto, presentan un carácter inmutable, necesario, aespacio-temporal y universal. Según esto, pues, la esfera toda del <ser> puede quedar así dividida en dos grandes regiones: la de las entidades particulares y la de las entidades universales.
  
 Lo particular (cognoscible de forma sensible, a través de los sentidos externos o del sentido íntimo) no parece plantear problema alguno por lo que a su estatus ontológico se refiere. Lo universal, en cambio, no se presenta ante mí de forma tan clara y manifiesta. Con lo universal, en efecto, no me topo, como con lo particular, a cada paso.

 ¿Qué es entonces lo universal?
Hay varias posiciones al respecto. El realismo es una de ellas. Las tres principales vertientes del realismo que resumimos a continuación, han motivado hecho posible la reinterpretación de diversas teorías filosóficas, desde Platón hasta la actualidad.

Lo cierto es que en la interpretación de la corriente del realismo, el universal presenta una índole extramental, independiente de la aprehensión cognoscitiva del sujeto y de su expresión verbal.

1-. El realismo-. Las entidades universales (hombre, triángulo o azulez), al igual que las entidades particulares (mi amigo Juan, el triángulo equilátero dibujado en el encerado o la chaqueta azul que tengo en el armario), son seres reales, esto es, seres que gozan de una entidad en sí y por sí, ajena por tanto a todo proceso de pensamiento. Lo universal, como lo particular, fijo y concluso, se enfrenta así a la conciencia cognoscente (a modo de res), que lo recibe y acoge como en un receptáculo vacío e inactivo.
   
«Universalia sunt realia», sentenciaban algunos escolásticos. Ahora bien, la índole real del universal no es entendida unívocamente por todos los realistas. En efecto, algunos, como Platón, sostenían que el universal, siendo real, existía separado por completo de lo particular, en un mundo autónomo y trascendente. Otros, en cambio, como Aristóteles, más moderados y empiristas, consideraban que el universal se hallaba ínsito en lo particular, formando parte indisociable de la única realidad existente.

Las posiciones realistas más destacadas que se han dado en la historia de la filosofía, son:
2. El realismo extremo: La primera formulación explícita del problema de los universales se halla sin duda en Platón. Su teoría de las Ideas, en efecto, núcleo central de su pen- samiento, no es sino el intento consciente y denodado de responder a la pregunta que inquiere por la índole (por el estatus ontológico) del universal y por la relación que éste mantiene con el particular

3. El realismo teísta
Estrechamente relacionado con el realismo extremo de Platón, se halla el realismo teísta, de carácter neoplatónico y cristiano. Sus máximos representantes son sin duda Plotino y san Agustín. Uno y otro sitúan a las Ideas platónicas en la mente divina, desde donde ejercerán una función modélica y paradigmática con respecto a las entidades cambiantes del mundo sensible.

4. El realismo moderado
Realista es también la posición de Aristóteles ante el problema de los universales. Según él, el universal presenta una entidad real extramental, ajena por tanto a su mero darse o manifestarse a la conciencia cognoscente y subjetiva. Ahora bien, su realismo no es extremo, ni tampoco teísta, como el de Plotino o el de san Agustín. Para captar cabalmente su índole, hemos de examinarlo, en primer lugar, como réplica o alternativa al realismo extremo de su maestro Platón.
 En base a ello, dice el Doctor Ismael Martínez Liébana, en “Palabras, Ideas o Cosas: El problema de los Universales”

“Aristóteles no puede admitir de ningún modo el jorismós platónico, la distinción y separación radical de dos ámbitos de ser esencialmente diferentes entre sí: el mundo de las Formas y el mundo de los entes materiales. Platón mantenía que aquél era el fundamento ontológico y gnoseológico de éste, el principio de su ser y de su inteligibilidad. Mas, ¿cómo puede ser esto así?, se pregunta Aristóteles. En primer lugar, concebidas las Formas como separadas, no pueden explicar el innegable devenir imperante en la naturaleza(…)Estas dificultades llevan inexorablemente a Aristóteles a dar del universal una interpretación propia, esencialmente diferente de la platónica. A su juicio, en efecto, el universal es una dimensión ontológica más de la única realidad existente: la realidad de los entes individuales. Éstos, para él, son compuestos unitarios (synola) de materia o hyle (elemento potencial e indeterminado) y de forma o morphé (elemento unificador y determinante). Ambos aspectos de la realidad hállanse en ésta indisociablemente vinculados entre sí, no pudiendo en modo alguno subsistir ninguno de ellos por separado. Mientras que el elemento material distingue y singulariza, el elemento formal unifica y generaliza”.

ingridderodriguez@hotmail.com




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