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Conocimiento y ciencia

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Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 09.01.2017 - 5:53 pm

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Por Ingrid González de Rodríguez.-Uno de los temas claves de la filosofía del período histórico moderno es el del conocimiento. La gnoseología, o teoría del conocimiento adquiere gran relevancia en dicho período, en función de su impacto en el posterior desarrollo de la ciencia.
   
El impresionante avance de la ciencia que hemos observado en los siglos XIX y XX, ha tenido mucho que ver con las ideas de los filósofos. La importancia filosófica de las ciencias es un hecho relevante. De ahí que  es importante saber ¿Cómo adquiere el ser humano su conocimiento sobre la realidad?
    
Un problema capital que la teoría del conocimiento ha de abordar, es el relativo a la forma de adquisición del conocimiento.
¿De dónde extraemos este conocimiento?
 ¿Dónde radica su origen?
¿Cuáles son las fuentes del conocimiento?
¿El conocimiento es real, o incluso posible?
¿Es su objeto inmanente o trascendente?
¿De que forma conocemos?
¿Cúal es el origen o fundamento del conocimiento?
  
 Ante estas interrogantes el doctor Ismael Martínez Liébana, señala en la monografía titulada: Las fuentes del conocimiento. El problema del apriorismo. La intervención de facultades humanas en las que intervienen tanto los sentidos, como la mente.
  
 Por ejemplo: “Si alguien me pregunta ahora por qué sé (conozco) que ante mí hay una mesa, yo responderé que porque la veo y la toco. La vista y el tacto (los sentidos externos) son aquí las fuentes o vías de adquisición de este conocimiento. Si, por otra parte, se me interroga también por el medio de acceso cognoscitivo que tengo al dolor de cabeza que ahora siento, confesaré que tal medio es una «mirada interior», una especie de sentido interno que me permite captar mis estados íntimos (en este caso, el dolor de cabeza). Si, finalmente, se me interpela acerca del modo que tengo de saber, conocer, la verdad de proposiciones tales como «el todo es mayor que la parte», «el deseo presupone algún conocimiento de lo deseado» o «todo efecto tiene necesariamente su causa», habré de responder que llego a tal conocimiento en virtud de una aprehensión directa de índole intelectual, sin necesitar, por tanto, «mirar» afuera, al mundo, ni «mirar» adentro, a mí mismo.
   
Sentidos externos, sentido interno y aprehensión intelectual, son vías legítimas y genuinas de acceso cognoscitivo al objeto. Las tres se pueden reducir a una sola, integrada por el elemento sujeto, y sus dos diferentes ámbitos cognoscitivos:
1-. (los sentidos externos e interno)
2-. (la aprehensión intelectual): puesto que, según parece, el sujeto humano es tanto un ser de sensación como un ser de razón, cabría establecer igualmente una distinción entre una fuente cognoscitiva sensorial y una fuente cognoscitiva racional: determinados ámbitos cognoscitivos serían accesibles por una, y otros ámbitos lo serían por la otra”.
   
“En la historia de la filosofía no se ha mantenido siempre un criterio unánime en torno al papel que ambas fuentes de conocimiento desempeñaban en el proceso de formación de la imagen.  Determinadas épocas y filósofos han conferido la preeminencia a la fuente sensorial; otras, en cambio, se la han otorgado a la fuente racional. Los partidarios de la primera posición son los llamados filó- sofos empiristas (de empeiría, experiencia sensorial), los partidarios de la segunda, son conocidos como filósofos racionalistas (de ratio, razón).
   
El Apriorismo es una posición fundamental ante el problema del origen y justificación del conocimiento. Consiste en sostener que el conocimiento, no procede exclusivamente de la experiencia sensible, sino también de un ámbito de entidades (lógicas o metafísicas) por completo ajeno a la experiencia sensible.
   
Lo cierto es que el Apriorismo Kantiano (la posición intermedia entre empirismo y racionalismo) la posición que plantea Emmanuel Kant, en la que tanto la experiencia como el factor racional o intelectual son elementos indispensables para constituir el  conocimiento, resulta de gran interés en el campo de la filosofía de la ciencia.
  
El apriorismo de Kant pone en el centro del conocimiento humano, las estructuras formales «a priori» del sujeto: las intuiciones puras de la sensibilidad (espacio y tiempo) y las categorías del entendimiento (realidad, causalidad, unidad, necesidad, etc.).
   
El sistema Kantiano (idealismo trascendental) tiene en cuenta al mismo tiempo las estructuras de conocimiento del sujeto y las de la realidad material del objeto.
   
Para conocer tenemos que disponer de juicios sintéticos (a posteriori) en los que interviene la materia exterior, y juicios analíticos (a priori) en los que interviene nuestro espíritu).
   
Kant llama trascendental a todo conocimiento que no se centra exclusivamente en los objetos, sino en nuestra manera de conocerlos. Un equilibrio maravilloso entre ambas cosas hace posible la experiencia humana del conocimiento. En dicha experiencia  intervienen las formas a priori de la sensibilidad (el espacio y el tiempo) así como también, la realidad empírica (la materia y la experiencia sensible del objeto).
   
Lo cierto es que el fenómeno del conocimiento humano, es algo asombroso.   



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