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Comentario de la obra "Visión Histórica de la Reflexión Estética en la Cultura Occidental"

Comentario de la obra

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Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 12.06.2019 - 9:06 pm

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Palabras de Ingrid González de Rodríguez en la puesta en circulación del libro “Visión histórica de la Reflexión Estética en la Cultura Occidental”. Auditorio Manuel Arsenio Ureña. Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA), 10 de junio de 2019.

El libro “Visión Histórica de la Reflexión Estética en la Cultura Occidental” nacido de mi pasión por el arte, pero con esperanzas de motivar a lectores de cualquier área profesional, tiene como finalidad ofrecer una breve secuencia del desarrollo histórico de la Estética, desde la perspectiva de un tema de cultura general que considero pertinente. Es la Estética, o teoría fundamental y filosófica de la belleza y el arte, una disciplina que adquiere gran relevancia en el mundo de hoy, donde se observa una estetización general de la existencia y la palabra “estética” vuelve a adquirir su estricto sentido etimológico del griego “aishesis” que quiere decir “sensación”, ya que, si algo caracteriza a la sociedad actual, tecnológicamente avanzada, son los constantes mensajes que recibimos. Esta percepción continua de imágenes visuales y tactiles, sonidos, olores, colores, nos producen sensaciones, esto es, emociones y experiencias estéticas particulares.

Presenciamos la disolución de los lugares arquetípicos del arte debido a su expansión pluridimensional, como fenómeno estético que ingresa en contextos novedosos e inesperados tradicionalmente no vinculados a él, como son el espacio natural o urbano que nos rodea. De igual modo, en razón de la indiscutible irrupción del arte en formas tradicionalmente no artísticas, como la publicidad, el diseño gráfico o industrial, la decoración, la moda y los objetos de uso cotidiano. Estamos ante una realidad hipermoderna que ha hecho que las experiencias artísticas hayan cambiado al manifestarse cotidianamente mediante multimedios como el Internet, redes, chats, YouTube, televisión, videos, CDs, publicidad, postales, DVDs, etc. Ahora podemos sentarnos cómodamente frente al ordenador o el televisor y disfrutar de recorridos virtuales por galerías, museos y teatros. Para todo el mundo son familiares las imágenes de la “Gioconda” de Da Vinci o “Las Meninas” de Velázquez. Asimismo, podemos acceder a escenarios nacionales o internacionales que integran públicos globales para escuchar óperas y conciertos, o cualquier otra tipología de la música.

En este contexto enriquecido emerge el sensus- aestheticus del hombre y la mujer contemporáneos, mediatizado por los nuevos medios de comunicación y las tecnologías de reproducción avanzadas que conectan, cada vez más, al arte con la vida real y cotidiana. Sin embargo, todas esas maravillosas tecnologías que constituyen formas instantáneas y democráticas de difundir el arte tienen su lado positivo y su lado negativo. Ciertamente, los nuevos dispositivos han hecho el arte más accesible, intensificando la percepción de los públicos y expandiendo la capacidad participativa y crítica de los artistas frente a las grandes cuestiones de nuestro tiempo. No obstante, alertamos sobre algunos puntos inquietantes, como son el intento de dominio de las fuerzas del mercado, la promoción de antivalores, o la imposición de ideas supresoras de la libertad y la diversidad.

El presente trabajo tiene como objetivo reflexionar en torno a la evolución de la Estética como disciplina que se ocupa de estudiar la belleza y la teoría filosófica del arte. En él, me propuse exponer los diversos modos en que la belleza ha sido entendida a lo largo del tiempo, que a su vez han encontrado su correspondiente reflejo en las diversas expresiones del arte. De igual manera, profundizo en torno a las ideas fundamentales que en cada uno de los períodos seleccionados enmarcaron la reflexión, tomando como criterio esencial el sentido antropológico de la dimensión estética humana de que: a través del arte el ser forma una imagen de sí, toma conciencia de sí: se ve, interpreta la vida y el mundo y accede a valores universales que dan a su existencia, tanto individual como social, plenitud, significado, sentido y finalidad.

Presento mi reflexión sobre el arte y lo bello a través de 4 momentos: 1) El Horizonte Clásico, 2) El horizonte Cristiano – Medieval, 3) El horizonte Moderno y 4) El horizonte Posmoderno; todos emblemáticos espacios de tiempo y acción donde la producción artística se ha manifestado, representando momentos culturales estelares de la humanidad. En mi investigación pude precisar que la palabra Estética fue usada inicialmente en el siglo XVIII al emplearla Alexander Baumgarten (1714- 1762) para designar la ciencia que estudia el conocimiento sensible. Aún en ese momento el término no significaba más que teoría de la sensibilidad conforme a la etimología de la palabra griega “aisthesis”. Pero la Estética, aún sin haber llevado todavía ese nombre existe desde los lejanos tiempos de la antigüedad, y aún desde la prehistoria pues son ilimitadas las expresiones artísticas, desde épocas muy remotas, tal como queda patente en los millones de hermosos vestigios testimoniales de antigüedad imposible de calcular, como aquellas paradigmáticas pinturas primigenias en las paredes de las cuevas, hace aproximadamente 40 mil años.

La belleza y el arte son los conceptos fundamentales en la conformación del campo teórico de la Estética, una disciplina que siempre aparece mezclada con la reflexión filosófica, con la crítica literaria, o con la historia del arte. Para nuestro trabajo, utilizamos el término de Estética en tanto filosofía del arte.

Desde esta perspectiva, en seguida nos damos cuenta de que las distintas expresiones artísticas que han surcado la historia del arte, así como la diversidad artística de las diferentes culturas, no son fruto de la mera casualidad o de algo arbitrario, sino que muestran la visión de la realidad propia de cada artista y la de su contexto cultural e histórico.

Justo es destacar que el concepto de belleza que nos legaron los griegos, definido como armonía, proporción y equilibrio, ha subsistido por miles de años y aún conserva vigencia. Sin embargo, es un hecho cierto que la creación artística también puede acoger lo estremecedor, lo disonante y lo deforme, como podemos comprobarlo en infinidad de obras. Hay ocasiones en que el arte no expresa lo que normalmente entendemos por agradable o placentero y sin embargo expresa la belleza, como ocurre con el inmortal “Guernica” de Picasso o el “Grito” de Edward Munch, pues la obra de arte es expresión simbólica y original que brota de la imaginación creadora del artista y sus contenidos espirituales.

A través de los siglos, el hombre ha plasmado distintas formas del arte que siempre suponen una precisa dirección de las energías, unos ideales de expresión de lo bello, unos motivos ineludibles que salen al paso de la existencia.

En ese sentido, la belleza es el valor que aporta el arte. Me suscribo a Stendhal, autor de una obra insigne, cuando expresó que: “La belleza es una promesa de felicidad”. Ayllón (2011) señala que, “Quizá por eso el ser humano siente que está hecho para ella, pues no sólo existimos para el alimento, el trabajo, el descanso, el conocimiento o el lenguaje, también y muy principalmente para la belleza. Su llamada no es una urgencia fisiológica, ni tiene función biológica de supervivencia, pero es inequívoca y constante, y está estrechamente vinculada con la aspiración humana a la plenitud”.

Lo cierto es que la belleza es un concepto normativo fundamental que marca las cosas realmente importantes. Comparto a plenitud el pensamiento de Ignacio Yarza (2004)  expresado en la cita siguiente: “En nuestras elecciones personales, de modo sutil, hay siempre una motivación estética. Nuestros ideales, los modelos de conducta y de vida que perseguimos, jamás carecen de un cierto carácter estético, como tampoco carece de esa dimensión el mundo en el que nos movemos, o los objetos que cotidianamente usamos. La condición misma del hombre, ser inacabado e incompleto, impide prescindir de la dimensión estética, pues el hombre constituye una tarea para sí mismo, que lleva a término a través de un obrar que en cierto sentido puede concebirse como artístico, puesto que es libre, no determinado y, por lo tanto, creativo. El hombre se hace a sí mismo según su modo de percibir sensible e intelectualmente, la verdad, el bien y la belleza”.

Venimos de un siglo XX que se distinguió por la inmensa gama de grandes cambios políticos, económicos, sociales, científicos, tecnológicos y culturales que acaecieron, pero también por los más terribles hechos bélicos de la historia (dos grandes guerras mundiales, el Holocausto, y el lanzamiento de la bomba atómica), pero, al mismo tiempo, de una época que presenció un notable progreso de la ciencia y la técnica.
Las transformaciones, en lo que va del siglo XXI, continúan con una vertiginosa aceleración. La ruptura con el paradigma anterior, comprobable en todas las épocas, aparece ahora de forma muy acentuada. Esta confrontación generacional, es observable especialmente en los nuevos caminos del arte, marcados por la música utilizando nuevas consonancias por medio de la tecnología y los instrumentos electrónicos, el cine y la fotografía; cada arte perfeccionando sus propias formas de expresión; la pintura y la escultura, por ejemplo, creando formas que no existen en la naturaleza. El lenguaje utilizado por los artistas procura lo nuevo, con lo cual el arte actual modifica continuamente la representación del ser humano y el mundo.

No nos cabe duda de que la cultura contemporánea es múltiple, intensa, compleja. Tampoco de que, en un mundo tan seguro de su evolución racional, científica y técnica como el nuestro, el arte es, en tanto ámbito fecundo y autónomo del pensamiento, un valor. El arte, en tanto signo de trascendencia y esquema de pensamiento, siempre aporta una nueva visión de la vida. Su meta es realizar una labor promotora de seres en plenitud de su sensibilidad estética que, como ciudadanos sensibles y solidarios, se comprometan en la construcción de un mundo mejor.

Muchas gracias ¡Dios les bendiga!




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