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Historia, artes, letras y libros... El desarrollo científico en el mundo actual

Historia, artes, letras y libros... El desarrollo científico en el mundo actual

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Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 11.04.2019 - 8:13 pm

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El mundo actual cuenta con un extraordinario desarrollo científico y tecnológico. La prodigiosa realidad que representa el avance de la ciencia y la técnica ha edificado un mundo nuevo. En general, los analistas sobre nuestra actualidad coinciden en una interpretación según la cual el hombre se encuentra hoy en una situación de crisis y cambio contínuo, carente de referencias seguras, debe situarse en todo momento de cara a la reflexión, hoy más necesaria que nunca antes, por las particularidades de la sociedad pragmática en que vivimos.

Es un mundo maravilloso, que con su metodología sistemática y con sus saberes experimentales comprobables a través del método científico, ha permitido desplegar ingentes y universales esfuerzos para conocer la naturaleza y domeñarla racionalmente para la conformación de un mundo mejor y más humano.

La diversidad de ciencias y de campos de investigación no ha impedido que la ciencia paulatinamente se haya constituido en un espacio con mecanismos y técnicas independientes que se desarrollan, a veces sin abordar preguntas sobre los fines o los procesos de humanización. La ciencia se manifiesta actualmente como racionalidad. Es pertinente ahondar en los efectos transformadores que las ciencias, convertidas en tecnologías aplicadas, ejercen sobre nuestra civilización actual.

Como resultado de los significativos avances de la ciencia podemos considerarnos seres privilegiados, con niveles de calidad de vida, inimaginables apenas hace un siglo. Con las mentes abiertas y posibilidades ilimitadas, nuestro mundo evoluciona de forma fascinante y desafiante, la tradición es solo un punto de salida, un punto referencial para caminar hacia el futuro. Asistimos a una intensa revolución científica y técnica, pero, también, concurrentemente a muchas otras revoluciones que  ejercen efectos transformadores en ámbitos sociales, políticos, económicos y culturales, que cabría preguntarse si nuestra civilización, con este complejo desarrollo de prometedores paradigmas de convivencia, reproducción cultural, integración social, y socialización, se encuentra en transición hacia una nueva época. De hecho, muchos pensadores e investigadores así lo consideran.

Los cambios son radicales y, por lo regular, positivos. Sin embargo, por la rapidez con que acontecen, a la vez, provocan ansiedad e incertidumbre, ya nada parece seguro, ni definitivo. La preocupación más apremiante es que estos cambios acelerados nos sorprendan desprevenidos, que no seamos capaces de estar al día de unos acontecimientos que avanzan a un ritmo vertiginoso. Ahora bien, ¿qué sentido tiene el cúmulo de todas estas transformaciones generalizadas? Es difícil saberlo con exactitud, pero lo cierto es, que estamos abocados a reflexionar acerca de la compleja realidad que envuelve la transición de la modernidad hacia la posmodernidad, apenas delineada, menos entendida. Hoy, en el mundo, todo se mueve muy rápido. Ningún sistema de creencias, valores, instituciones, ideologías, o sistemas productivos permanece intacto. La infinidad de procesos transformadores que acontecen en todos los renglones de la actividad humana –y esto en consonancia con el sociólogo estadounidense y catedrático de la Universidad de Harvard Daniel Bell – hace que el conocimiento constituya el principio axial y la esperanza, para la nueva sociedad que emerge.

Sobre la base de la investigación, del estudio a profundidad de las circunstancias y causas de los diversos cambios, estamos llamados a perfilar la mejor dirección de los pasos, que como humanidad debemos dar, en orden de eliminar la incertidumbre de nuestro futuro, y edificar un mundo mejor. Cada día el ser humano se enfrenta con la alternativa de vivir y pensar de la manera que la gente vive y piensa – según la certera expresión de Ortega y Gasset–, o vivir y pensar reflexivamente, procurando comprender su propia existencia y el mundo circundante.

Es obvio que estos tiempos y esta sociedad globalizada demandan individuos capaces de tomar decisiones, no en virtud de lo que el ambiente y el exterior les imponen, sino en función de sus propias metas, perspectivas e ideales. En fin, personas empoderadas, atentas a su realización personal, a partir del conocimiento cultivado con tesón; personas éticas, como ustedes esforzados graduandos, con miradas puestas en horizontes amplios y trascendentes, que son los que deben dar forma al mundo del futuro.
A continuación, permítanme referirles algunas ilustrativas reflexiones de los  más notables científicos sociales del momento respecto a los cambios que acontecen en nuestra realidad, en el contexto de este tercer milenio de la Era Cristiana.

Tenemos, pues, que el sociólogo español Manuel Castells señaló que “un nuevo mundo está tomando forma en este fin de milenio”. De igual manera, el catedrático, científico y político Ronald Inglehart expresó que “durante las últimas décadas las sociedades avanzadas han traspasado un punto de inflexión y han pasado de la fase de la modernización a la fase de la posmodernización”. Por su parte, el sociólogo alemán Ulrich Beck refirió que esta transición epocal –la cual denominó, como el sociólogo británico Anthony Guidens, “modernización reflexiva”–, implica la posibilidad de una (auto) destrucción creativa de toda una época: la de la sociedad industrial.  En ese mismo sentido, el sociólogo francés Alain Touraine señaló en su obra La sociedad postindustrial, publicada en 1969, que ante nuestros ojos se están formando sociedades de un nuevo tipo. Por su parte, el sociólogo estadounidense Daniell Bell anticipó que en los próximos treinta o cincuenta años veríamos “la emergencia de la sociedad postindustrial”. De igual manera el sociólogo polaco Zigmunt Bauman consideró que la caída del muro de Berlín, acontecida en 1989, cerró la época moderna inaugurada por la Revolución Francesa, dando paso así, a las realidades y al espíritu posmodernos, que implican una nueva totalidad social con sus propios principios organizativos.”

Estos brillantes pensadores han alertado, con propiedad, de una época emergente, y con ello, de una humanidad obligada a renovarse, a adaptarse a entornos nuevos e inéditos. Llámese sociedad postindustrial, sociedad posmoderna, sociedad red, sociedad de consumo; sociedad del riesgo, sociedad de la información, de la comunicación, del conocimiento, entre muchas definiciones que podríamos mencionar, no cabe duda, de que habitamos comunidades, en las cuales, como ciudadanos contemporáneos, enfrentamos los retos y desafíos fundacionales de una nueva época.

Para comprender a profundidad el nuevo entorno y sus desafíos se requiere de una amplia visión histórica que permita el entendimiento de la Era naciente, la posmoderna, con el fin de resaltar afinidades y diferencias con las épocas pasadas. El análisis comparativo del presente y el pasado, ha de estar enfocado en aprovechar las oportunidades que se nos brindan, cultivando la libertad responsable, el saber, la cultura y los valores.

ingridderodriguez@hotmail.com



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