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La historia de la cultura

La historia de la cultura

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Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 10.01.2019 - 9:26 pm

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La historia de la cultura, por el rol que juega su objeto de estudio (la cultura) en la vida humana reviste gran importancia y resulta ser la más larga y antigua de todas las historias.  La historia es la ciencia del pasado, sin embargo nadie niega ya que, para lograr una auténtica comprensión del proceso histórico en que se ha desarrollado la humanidad es imprescindible el enfoque unitario y de conjunto, de ahí que el criterio central  para entender la historia en nuestros días se fundamenta en buscar en el pasado la clave del presente y crear así las condiciones para poder prever  y vislumbrar el futuro. En este orden, la ciencia histórica se acerca hoy a lograr su objetivo esencial: construir una historia total e integral del hombre y el mundo que le rodea, sus hechos y su devenir.
 
Al mirar los hechos conforme a este punto de vista es importante hacer notar la importancia de tomar conciencia del valor y la trascendencia de la historia de la cultura y su sinergia con la historia de las civilizaciones, que no es otra cosa que la historia de la trayectoria del hombre desde un estado casi animal, hasta el de las sociedades civilizadas, el cultivo de las artes, la asimilación del los valores, y el libre uso de la razón. Se comprende así que la cultura es resultado de procesos sociales que han desplegado los seres humanos a través de la historia, en el proceso de desarrollo que las distintas sociedades expresan sus manifestaciones culturales propias como resultado de su forma de ver el mundo.
 
Pues si bien es cierto que todos los seres humanos pertenecemos a la misma especie, y todos somos esencialmente iguales, no es menos cierto que nos hemos diferenciado por la forma y fisonomía de la cultura elaborada en cada parte y en cada época. Por esta causa, hablamos de una cultura americana, de una cultura africana, asiática, o europea, así como más específicamente, han podido distinguirse culturas con características particulares, como la cultura dominicana, china, o azteca. Sin embargo, este hecho no impide que a medida que la humanidad se comunica e interrelaciona con mayor facilidad la cultura se universalice, de hecho, es la capacidad del “homo sapiens” de construir la cultura, la que ha hecho de nosotros unos seres propiamente humanos. 
 
Somos humanos por la cultura. Todos los seres humanos cultivamos al nacer, ese dato previo que llamamos naturaleza, y que trascendemos por medio de la cultura. “Hace más de un siglo, en su libro “La Cultura Primitiva”, el antropólogo británico Edward Taylor expuso que los sistemas de comportamiento y de pensamiento humanos no son aleatorios. Por el contrario obedecen a leyes naturales y, por tanto, pueden estudiarse científicamente. La definición de Taylor ofrece una buena panorámica del objeto de estudio de la antropología y es ampliamente citada: “Cultura… es ese todo complejo que incluye conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, la costumbre, y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad. Aquí la frase crucial es adquirido por el hombre como miembro de la sociedad. La definición de Taylor se centra en las creencias y el comportamiento que la gente adquiere no a través de la herencia biológica sino por desarrollarse en una sociedad concreta donde se hallan expuestos a una tradición cultural específica.”
 
Ribeiro (1990) explica: “En este sentido cualquier sociedad posee una cultura desde el nivel tribal hasta las sociedades nacionales modernas. En el primer caso su cultura estará constituida por un acervo sencillo, cuyos elementos esenciales pueden ser aprehendidos y descritos con facilidad. En el caso de las sociedades nacionales modernas, será un vasto patrimonio complejo y diversificado, según los grupos de convivencia en que se divida la sociedad, tales como las áreas ecológico –culturales a las que se adapte y las subculturas correspondientes a estratos diferenciados de la población, como las clases sociales, por eso se habla de la cultura de la clase obrera, de la cultura de los ambientes rurales, de los grupos étnicos etc”.
 
Descripción de la Cultura
 
“A diferencia de muchos animales, el ser humano nace demasiado pronto para las capacidades naturales que posee, lo cual lo convierte en un ser indefenso y desprotegido, al que es necesario cuidar después de su nacimiento. De este hecho biológico, al que el mero instinto no puede responder, surge la formación cultural del núcleo familiar y de los poderes allí establecidos (roles). Es decir, no es el instinto, sino la cultura, la que garantiza la existencia de una organización básica encargada de las crías humanas, las cuales, aprenden mediante los procesos de inculturación y socialización como comportarse ante las diferentes circunstancias que habrán de afrontar a lo largo de su existencia, dependiendo de los diferentes contextos ambientales, sociales, históricos en los que se encuentre inmerso el sujeto”.   
 
“El ser humano no se adapta espontáneamente al medio. Su adaptación supone en realidad, la transformación reflexiva,  pensada e inteligente del entorno, y eso es precisamente la cultura: el lenguaje, la técnica, la moral, el derecho, la economía, el arte, la ciencia y la religión. La antropología cultural distingue entre cultura material, constituida por productos materiales fabricados por el hombre, y cultura mental y espiritual, integrada por formas de pensar, creencias, costumbres, valores y normas”.
 
La cultura aparece así como un constitutivo ontológico de todo ser humano, y además como el rasgo antropológico universal que nos hace humanos, hasta el punto de que se llega a definir al ser humano por la cultura, lo mismo que tradicionalmente se le definía por la libertad, la razón, la voluntad y el lenguaje.Por la cultura superamos el estado natural y animal -traspasando la escala zoológica por medio de la capacidad del raciocinio e interpretación.
 
Cassirer (1987) explica: “La característica sobresaliente y distintiva del hombre no es su naturaleza metafísica o física, sino su obra. Es esta obra el sistema de las actividades humanas lo que define y determina el círculo de humanidad. El lenguaje, el mito, el arte, la religión, la ciencia y la historia son otros tantos constituyentes, los diversos sectores de ese círculo. Sin duda alguna que la cultura se halla dividida en actividades que siguen líneas diferentes y persiguen fines diferentes. Si nos limitamos a contemplar sus resultados –las creaciones del mito, los ritos, o credos religiosos, las obras de arte, las teorías científicas- parece imposible reducirlos a un denominador común. No obstante, en medio de la multiplicidad, y de la variedad sin límites, el término humanidad adquiere significación -no cuando buscamos una unidad de efectos- sino una unidad de acción, no una unidad de productos sino una unidad del proceso creador”.
 
“El espíritu moderno intenta comprender mejor que es la cultura y cual es el papel dinámico que representa en la vida de los individuos y de las sociedades: la cultura  hoy día no es solamente el terreno de los eruditos y de los especialistas, sino que suscita un interés general, en cuanto la nueva concepción de la cultura basada en elementos normativos y éticos, abierta a valores espirituales tanto como materiales y que pone de relieve los derechos humanos, la libertad y la responsabilidad de la persona que posee esa cultura, presenta a la cultura como la realización suprema de la persona, llamada a superarse sin cesar intelectual y moralmente en su vida individual y comunitaria”.
 
La Conferencia mundial de la UNESCO (1982) elabora la definición de cultura que actualmente se acepta internacionalmente: “cultura es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un  grupo social. Además de las letras y de las artes, comprende los modos de vivir, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. La cultura da a la persona la capacidad de reflexionar sobre sí misma. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos racionales, críticos y éticamente comprometidos, por ella discernimos los valores y realizamos opciones. Gracias a ella la persona se expresa, toma conciencia de sí misma, se reconoce como proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones y crea obras que la trascienden”. 

ingridderodriguez@hotmail.com



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