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El ser humano y su tendencia natural al saber

El ser humano y su tendencia natural al saber

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Ingrid González de Rodríguez | ACTUALIZADO 11.01.2018 - 9:18 pm

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Los hombres comenzaron a filosofar movidos por la admiración, y siguen haciéndolo”. Esta afirmación de Aristóteles, que tiene su origen en Platón, y que es válida en la actualidad, entiende por “admiración filosófica” el asombro ante la realidad, ante los fenómenos y los acontecimientos inexplicables, del cual surge la cuestión de las causas. En la citada sentencia Aristotélica se plantea el origen y el inicio de la filosofía, pues desde siempre el ser humano se ha formulado preguntas acerca del mundo que le rodea, la naturaleza de las cosas, o su propia existencia. La necesidad de saber es, como bien dijo Aristóteles inherente al hombre, se ajusta a su misma esencia, a su ser, a su naturaleza.  

La etimología del término nos dice que filosofía es precisamente “amor al saber”. Es usual traducir “filosofía” como <amor a la sabiduría>, < amor al saber>. Pero ¿a que tipo de saber?

El ser humano, como ya afirmó Aristóteles, es una criatura que tiende por naturaleza al saber. “Todos los hombres desean por naturaleza saber” dijo el filoósofo  al principio de la Metafísica. Es como si el ser del hombre consistiera en esta tendencia al saber, en este ir hacia el saber. Ese deseo innato de aprender cosas, por lo tanto de escapar de la ignorancia, presente en fenómenos tan humanos como el ya mencionado “asombro”, domina toda nuestra existencia, y no es casual, sino que se fundamenta en una serie de rasgos únicos que nos conforman como un animal peculiar, es decir, cualitativamente distinto del resto de los seres vivos, cosa que han demostrado la biología, la antropología, la psicología y otras ciencias. Pero no se trata de una posesión del saber, sino de desear llegar al saber. El ser humano reconoce que no lo posee y por ello aspira a él. Es este el sentido que tuvo el término en Grecia (lugar de nacimiento de la disciplina filosófica hacia el año 600 a. C.). El amor por el conocimiento, amor no entendido como posesión, sino como búsqueda y aspiración continua.

La filosofía es un campo que influye en muchos aspectos de nuestra vida y en el modo de entender nuestra nuestras experiencias. La vida cotidiana de todos nosotros está colmada de cosas que nos mantienen ocupados y preocupados. Frente a los retos y desafíos del mundo actual, la filosofía como reflexión sobre la experiencia, coloca a los seres humanos frente a sus problemáticas vitales más usuales para poder vivir y actuar con libertad responsable, ejerciendo el pensamiento crítico.

“El hombre de la vida cotidiana se enfrenta con una alternativa: o vivir y pensar de lo que la gente vive y piensa – según la certera expresión de Ortega- o vivir y pensar reflexivamente, procurando comprender su propio vivir. Pero en la alternativa debemos reconocer que la impersonalidad y la abdicación de toda reflexión es el pan de cada día. El hombre cotidiano vive más de lo que el ambiente y el exterior le imponen que de su propia opinión y de su personal decisión”.

Hoy día la filosofía continua invitándonos a pensar.  ¿Qué es la vida? ¿ qué es el mundo?, ¿qué soy yo?. O las preguntas de Kant: ¿qué es el hombre?, ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer?, ¿qué me cabe esperar?. Todos estos interrogantes  formulan las preguntas radicales que acompañan al ser humano desde tiempo inmemorial. Si las respuestas son el resultado del análisis objetivo, crítico y sístemático, que evite las opiniones subjetivas y prejuiciadas, y que no parta de supuestos aceptados por la convención, estamos ante respuestas filosóficas, pues el conocer al que aspira el filosofar se halla enraizado, en la voluntad, que como motor esencial del dinamismo espiritual del ser humano, le impulsa al logro de sus más elevados objetos cognoscitivos.

En este orden, la tendencia natural y nativa del hombre hacia el saber y el conocer, se halla estrechamente vinculada con el reconocimiento de la propia ignorancia ante la inefable realidad. Del asombro surgió la pregunta, y de la pregunta el conocimiento. Aunque sabemos que nuestras preguntas no van a obtener una respuesta perfecta, las seguimos formulando de forma insoslayable, por un impulso más fuerte que nuestra propia voluntad. 

ingridderodriguez@hotmail.com




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