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Repercusión del hambre en el aprendizaje.

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Isabel Valerio Lora | ACTUALIZADO 13.08.2019 - 5:45 pm

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“El hambre espía en la casa de los pobres”. Benjamín Franlin.

El hambre repercute directamente en el desarrollo del individuo en la sociedad, dependiendo de la etapa del desarrollo en la que se encuentre. Sea cuando se está gestando por la esccasa nutrición recibida por la madre o durante los primeros dos años de vida, esto influye considerablemente en la futura capacidad intelectual del individuo.
   
La UNICEF define el hambre como una situación en que se hallan las personas que carecen de los nutrientes necesarios (proteínas, energía, y vitaminas y minerales) para llevar una vida plenamente productiva, activa y sana.
   
El hambre puede ser un fenómeno de breve duración o un problema crónico. Puede presentar distintos grados de gravedad, del hambre moderada a un estado clínico, y puede ser una consecuencia de la escasa ingesta de nutrientes o de la incapacidad del cuerpo para absorber los nutrientes necesarios.


Repercusiones del hambre en el aprendizaje:
Según un estudio publicado por el Programa Alimentario Mundial (órgano de la ONU), el hambre reduce la capacidad de aprendizaje en los niños, puede suponer una discapacidad intelectual irrecuperable y un menor coeficiente intelectual .
   
El hambre en primera infancia, de niños con bajo peso al nacer, trastornos del crecimiento y carencias nutricionales, pueden dañar la capacidad básica de aprender, limitando al niño a investigar el mundo que le rodea ( para recibir estimulación) y de concentrarse en esas interacciones.
   
En la edad escolar, el hambre reduce las oportunidades de aprender , disminuyendo la capacidad de atención .
   
En la edad adulta, el hambre no afecta a la capacidad intelectual básica, pero sí reduce las oportunidades de aprender aumentando el costo de oportunidad de participar en las actividades pedagógicas .

El cerebro necesita nutrientes y sustancias adecuadas para su funcionamiento. Si los nutrientes son inadecuados, ocasiona desequilibrios neuroquímicos, que provocan alteraciones en el pensamiento, la percepción, las emociones, y las conductas.
      
 En resumen, el hambre limita la capacidad de concentración por lo que repercute directamente en el aprendizaje, impidiendo que se aprovechen las oportunidades educativas y repercutiendo en el intelecto del niño.




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