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Versos que llenan de placidez el alma

Ignacio Guerrero | ACTUALIZADO 04.01.2019 - 5:34 pm

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"Para lograr todo el valor de una alegría has de tener con quien repetirla y compartirla”.
(Mark Twain) 

 
Alegría y felicidad

Ha comenzado el año nuevo,  ya estamos en el 2019; es oportuno meditar y  adquirir conciencia de la necesidad aunar esfuerzos, energías y voluntades en la búsqueda de la alegría y la felicidad.
   
A pesar de las vicisitudes, hay que explorar el optimismo y la positividad, porque es la fórmula para cultivar la prosperidad y la felicidad.
   
Anhelo que en este nuevo año, y por siempre,  que sean felices y disfruten de una vida paradisíaca; muevan sus espíritus en esa dirección y verán que la existencia será plácida  y súper saludable.
   
Que el Señor derrame bendiciones sobre ustedes, mis caros aliados en este encuentro poético, que proporcionen salud y todos los parabienes, al igual que a sus seres queridos.
   
Cuídense mucho, amigos entrañables. (Ignacio Guerrero)
    

*“Si eres feliz”
(Pedro José Arroyave)



“Si eres feliz, Sonríele a la vida

Si eres feliz, acogelá, adoralá y

aprecialá como si fuera

rotundamente tuyo.


Si eres feliz, solo di que no te falta

nada; simplemente disfruta y apropiaté

de ella como si vieras a Dios; a un

cuerpo manantial, metido

dentro de tu corazón.


Si eres feliz daté el lujo de regalarle

a la vida de sorpresas; un montón

de colores hermosos destacando

lo brillante que sería para tu ser natural.


Para ser feliz alcanza tus éxitos;

haz de orgullo a tu familia; da de

ti lo mejor del mundo y si puedes;

sé mejor cada día.


Si eres feliz; sé humilde; Sé

incomparable; Se brillante

ante tu familia, ante el

mundo, ante todo el

universo”.


*“La belleza”
 (Herman Hesse)

“La mitad de la belleza depende del paisaje;
y la otra mitad de la persona que la mira…
Los más brillantes amaneceres; los más románticos atardeceres;
los paraísos más increíbles;
se pueden encontrar siempre en el rostro de las personas queridas.
Cuando no hay lagos más claros y profundos que sus ojos;
cuando no hay grutas de las maravillas comparables con su boca;
cuando no hay lluvia que supere a su llanto;
ni sol que brille más que su sonrisa……
La belleza no hace feliz al que la posee;
sino a quien puede amarla y adorarla.
Por eso es tan lindo mirarse cuando esos rostros
se convierten en nuestros paisajes favoritos….”

*“LXVII”
(Gustavo Adolfo Bécquer)


“Qué hermoso es ver el día
coronado de fuego levantarse,
y a su beso de lumbre
brillar las olas y encenderse el aire!
¡Qué hermoso es tras la lluvia
del triste Otoño en la azulada tarde,
de las húmedas flores
el perfume aspirar hasta saciarse!
¡Qué hermoso es cuando en copos
la blanca nieve silenciosa cae,
de las inquietas llamas
ver las rojizas lenguas agitarse!
¡Qué hermoso es cuando hay sueño
dormir bien… y roncar como un sochantre…
y comer… y engordar… ¡y qué fortuna
que esto sólo no baste!”

*“Corría el aire puro”
(Ricardo Peña)


Corría el aire puro
por mis cabellos negros.
Mi sueño blaríco era
un pétalo finísimo.
Un ópalo que el aire
besaba con delicia.
Qué bien que olían campo
el mar, la leve brisa.
*Ciudad del paraíso*,
a mi ciudad de Málaga
 (Vicente Aleixandre)

“Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria, antes de hundirte para siempre en las olas amantes.
Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira
o brama por ti, ciudad de mis días alegres,
ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo,
angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.
Calles apenas, leves, musicales. Jardines
donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.
Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,
mecen el brillo de la brisa y suspenden
por un instante labios celestiales que cruzan
con destino a las islas remotísimas, mágicas,
que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.
Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.
Allí, donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,
y donde las rutilantes paredes besan siempre
a quienes siempre cruzan, hervidores, en brillos.
Allí fui conducido por una mano materna.
Acaso de una reja florida una guitarra triste
cantaba la súbita canción suspendida en el tiempo;
quieta la noche, más quieto el amante,
bajo la luna eterna que instantánea transcurre.
Un soplo de eternidad pudo destruirte,
ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un Dios emergiste.
Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron,
eternamente fúlgidos como un soplo divino.
Jardines, flores. Mar alentando como un brazo que anhela
a la ciudad voladora entre monte y abismo,
blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso
que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra!
Por aquella mano materna fui llevado ligero
por tus calles inerávidas. Pie desnudo en el día.
Píe desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.
Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.
Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas”.

“La juventud es el paraíso de la vida, la alegría es la juventud eterna del espíritu”.
(Ippolito Nievo)




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