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Tus fracasos no te definen, te suman

Fanny Goris | ACTUALIZADO 08.11.2018 - 5:43 pm

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En una sociedad tan compleja y diversa como la nuestra, existe un pensamiento que se ha generalizado: fallar, equivocarse está mal y da vergüenza.
    
 Hoy día muchos entienden “éxito” como rendir culto a la perfección, y con esto no quiero decir que no busquemos mejorar continuamente, al contrario soy una defensora de la mejora continua, lo que puede suceder es, que en ese camino de búsqueda del logro, del resultado positivo, de la exactitud, de la precisión, estamos cometiendo el imperdonable pecado de crucificar el error, de esconderlo, de ridiculizarlo y menospreciarlo.
     
Por eso mucha gente huye de lo que “huele” a desafío, a dificultad, a crisis… Esto por temor a fracasar y que se enteren los demás. Cuando lejos de eso, muchas cosas buenas surgen de estos retos, incluso si fracasamos,  obtenemos el regalo del aprendizaje, que nos hace más sabios para recomenzar, y esto ya es ganancia.
     
Todo nos construye, la suma de lo bueno y malo que hemos vivido, nos va dando forma. Y de seguro encontrarás personas en el camino, que les guste el resultado de la suma algebraica de tu vida.
     
Parece que olvidamos que nuestros avances, no son el resultado de aciertos, sino de nuestros errores. Les pongo un ejemplo bien conocido y que no ha perdido vigencia, con algunos números hipotéticos, el de Thomas A. Edison: quien antes de lograr su particular invento, intentó “1,000 maneras diferentes”, hasta que logró crear y patentizar la bombilla  comercialmente viable… fueron sus 999 errores anteriores, los que le dieron el éxito, pues en cada intento aprendió algo nuevo para seguir experimentando. Ante este caso, es claro ver como tus fracasos no te definen, te suman.
     
En la actualidad vemos con asombro la “sinceridad” del slogan de la campaña publicitaria que utilizó HONDA a comienzos de este año 2018:  “El fracaso, el secreto del éxito”. Que en realidad no es una expresión nueva, es la filosofía que Honda colocó en los cimientos de su compañía al momento de su creación, y al día de hoy sigue intacta. Este caso nos demuestra cómo no debemos avergonzarnos de los fracasos, estos son parte del éxito.
     
Que levante la mano quien hasta hoy venciera todos los obstáculos; quien cumpliera todos los plazos; quien acertara a la primera; quien nunca terminara una relación; quien recibiera siempre un, si, por respuesta; quien siempre fuera exitoso en todo lo que ha emprendido… Reconozco la posibilidad de que pueda existir alguien así, pero es poco probable.
     
Me parece que si pudiera ver a todos mis lectores, creo que serían pocas las manos que se alzarían. Pero esto no debe ser motivo para deprimirnos o dejar de intentar, inversamente debe ser un impulso para tratar una vez más con mayor sabiduría.  
     
En una ocasión, hace varios años atrás, atravesaba una dificultad en mi vida, vista quizás por muchos como un fracaso; mi hermano Pedro, hizo un ejercicio conmigo: tomó una hoja en blanco y me preguntó: -¿Qué ves? -le dije: una hoja. Luego, le dibujó un pequeño punto en el centro y me volvió a preguntar: -¿Qué ves? le respondí en esa ocasión: -un punto; y, con una sonrisa, me dice: -no, sigue siendo la misma hoja, que ahora tiene un punto. Ese fue un momento de iluminación, que comparto con ustedes hoy, donde comencé a mirar las cosas con mayor amplitud, pues sin dudas ver sólo el punto, me indicaba que había sesgado mi mirada y perdido el enfoque.
     
En esta metáfora, la hoja en blanco somos nosotros, no los puntos. Los puntos pueden ser tanto problemas, obstáculos o fracasos; como también, talentos, oportunidades o victorias. Pero siempre seremos más que la suma de todo eso.
     
Cada ser humano, sin dudas, tendrá que enfrentarse a dificultades en la vida y fallar no significa que eres un fracasado. Si eres de las personas que vives la vida con la resignación del “no puedo, soy así y así seguiré” o te autoproclamas como “soy un fracasado en la vida” pues, me alegra destrozar tu teoría en el día de hoy.
     
Nos define el resultado de la suma de todos los momentos de nuestra vida y ese resultado no está terminado hasta el último día de nuestra existencia. Somos una obra de arte inacabada, que cada día vamos adquiriendo mayor valor. Y este valor se puede incrementar, aún en mayor proporción, cuando logramos tener la respuesta de: ¿Por qué nos caemos o fallamos? Piensa unos minutos tu respuesta…
     
Mi respuesta sería que: nos caemos para aprender a levantarnos, y en ese aprendizaje es genial comprobar que todavía tienes la capacidad de sorprenderte a ti mismo, cada vez que vuelves a levantarte, con mayor sabiduría y determinación.
     
No te quedes atónito mirando la vida pasar, te vas a perder en ella. Te invito a que desde hoy te propongas conocerte y quererte bien, a descubrir tus talentos, sobretodo uno que tenemos en común todos los seres humanos: el talento para rectificar, reconstruirte, reinventarte. Abre los brazos a lo que puedes ser y a lo que está por venir, reescribiendo cada día tu historia haciendo que esa suma, valga la pena.






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