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Miguelina Medina | ACTUALIZADO 06.07.2018 - 5:26 pm

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Retrato y Sombra

Esperé mucho, Retrato, para escribirte
pero con el tiempo tú has sido mi sombra,
como está escrito al dorso de la imagen sonriente,
de forma alegre, delicada y amorosa.

Esa imagen que veo con lindos cabellos y linda sonrisa
mirándome con sus expresivos ojos llenos de amor
es para mí una prenda querida
y escribo estos versos con el corazón.

 Con su puño y letra dejó plasmado detrás de su rostro
su recuerdo y el cariño existente.
¡Ay Amor, qué grande eres entre nosotros!
 Lo hubo y lo habrá por siempre.

Vuelvo y la miro feliz y sonriente
su figura delirante, fresca y atrayente
está y estará en mi mente perennemente
y será así, Retrato, hasta la muerte.

¡Ah, Retrato!, te guardaré en el archivo
en el archivo sutil de los recuerdos
eres merecedor de eso sin olvido;
cada vez que te tenga en mis manos te llenaré de besos.

Hermosa Sombra, te tengo y la tengo a ella,
todo está escrito en ti y no se borrará.
Ya ha pasado mucho tiempo, sigue siendo bella
y el  amor permaneció, no sólo quedó en las letras…
porque siempre la querré y será mi sombra, hasta que muera.

Alegría y tristeza sobre el lago

Se oía la voz de una madre
y retumbaba contestando el eco
una madre adolorida que en una tarde
morir quería antes de ver su fruto seco.

Como pasmada a orilla de un lago
mirando sus aguas sin poder llegar al fondo
esperaba y esperaba y el tiempo pasando
siendo su pesar cada vez más hondo.

Y preguntó al lago sollozando, desesperada
¿tienes bajo tus aguas un aliento mío,
algo que un día, salió de mis entrañas?
devuélvemelo, que allá adentro hace frío.

Y el lago sereno y silencioso,
sin contestar las súplicas dolientes
queriendo oír los sollozos amorosos
movió sus aguas en gran torrente.

Y dulcemente el lago soltó su presa
subió del fondo el preciado tesoro
llegó a la superficie, y su madre reza
sacando fuerzas de su cuerpo tembloroso.

Ya se ve el fruto seco con nubarrones
antes, cuando estaba verde, sonreían
sus esperanzas, sus anhelos, sus ilusiones.
Se vio flotar sobre el agua, y así moría.

Y la madre que ve el final
de su hijo rescatado
 siente   que se va para no retornar,
 llora con dolor  y da gracias al Dios amado
porque hubo tristeza y alegría sobre el lago.

Miguel Medina Fernández




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