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Oda al doctor José de Jesús Jiménez Almonte

Ubi Rivas | ACTUALIZADO 13.04.2018 - 7:28 pm

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¡Oh!, Padre del bosque dominicano
que peinaste
Como si fueras un Fígaro caribeño
 sus entornos milenarios.
¡Oh!, padre
de todas las veredas
trillos
senderos
del bosque dominicano
avezado montero
que hollaste,
como si pisaras
tu propia sombra
luminosa,
que conducen
A la inmortalidad,
Porque eres inmortal
Y a la gloria,
 porque eres glorioso.
¡Oh!, padre de las bromelias
 Y
El hogar parasitario
 de las orquidiáceas,
Que deslumbraron tus iris
 con las irradiaciones multicolores,
Estupendas,
Imposibles de plagiar paleta alguna
 del más genial artista plástico.
¡OH!, padre de las auroras y los ocasos
 que te sorprendieron
En tus faenas insignes y muníficas,
Como muníficas fueron
tus entregas en el valle
De lágrimas
 efímero
 que llamamos
vida
Y los valles umbríos del Cibao,
y las penumbras de los bosques húmedos
y los xerófilos
en formación de desierto
de cactáceas
bayahondas
cayas
campeches
guatapaná
de La Línea Noroeste
y el Sur Profundo,

Que fueron los secuaces
de tus grandezas,
Y la onomatopeya inmutable
De los manantiales cristalinos
Que reflejaron
Tu rostro
De taumaturgo
glorioso
Detectando
Tus ansias
De incorporar a la ciencia
Botánica
Sus vírgenes
Secretos.
Cuando el Padre Diurno
asoma en el poniente
Desgranando degradaciones
auríferas bruñidas,
Rasgando
las tinieblas,
Como desgranaste
los secretos
polinizando
con
 tu genio,
tus vástagos
vírgenes
Fissidens Bryodidiuum Jimenezlii,
Alcanhaceae Justicia L,
Rubiácea Guttardad L.
Especímenes nuevos
Para la ciencia,
Que descubriste
E identificaste,
Como los grandes descubridores,
En el silencio aplastante de
La foresta dominicana,
Alterado por
 el gorjeo de las ciguas Palmeras,
Carpinteros y pericos
Cotorras,
De escandalosos
trinos
Ciguas Canarias
O Cuatro Ojos,
Querebebés
Las palomas
Cenizas
Moradas
caquitos
Julián Chibí
Petigres
Ruiseñores
Con su plumaje,
De etiqueta tropical
Majuilitas
Y
colibríes
Espantadizas
Guineas
Impulsores
De sus cortos vuelos
Como corto es
La existencia humana
El triste canto melancólico
de las Rabiches,
uuu uu
Rolones,
 Alas Blancas,
De vuelos rectos
Sin parpadeos
Como es sin parpadeo
Y
recto
Evocar
Tu memoria
insigne
Y el ulular pertinaz de las rolitas,
El graznido
De los
Cernícalos
El uuu de las Lechuzas
Que presagian
Tragedias
En la cultura superchera
Rural
Alternaron
Y alteraron
tus cuitas con tus
Mozart, Bethoven, Grieg, Chopin, Wagner,
En aquella consola Philliphs
Donde Joseíto y yo
abrevamos enervantes
al gran
Buck Canel
 en su
Cabalgata Deportiva Gillette,
Narrando los choques del
Béisbol más superbo del mundo
Y marcaron paréntesis
En tus partidas luminosas
De ajedrez,
Como el Alekline
Botvinnik
Capablanca
Dominicano
Que fuiste.
¡Oh!, padre de los líquenes y
Musgos
De las coníferas de Olof Swartz
Hollando los senderos
Veredas
Y
Trillos
 de los insignes
Pioneros
Enrique Alejandro, Barón de Eggers,
Tus grandes básigas Alain Liogier
Y Rafael Moscoso,
Cicero,
Fuertes,
Acompañado
Por Marcano,
Que marcaron
para la
Eternidad  
Tus periplos imborrables
Pletóricos de grandes
Testigos
De la flora
Y legados inconmensurables,
Y los pinares
enhiestos
Arrullando tus tímpanos
Con sus arpas verdes milenarias,
Cobijando tus pasos egregios,
Como extensas verdes
sombrillas
Tan extensas
 como tu grandeza
Y tu bondad
Revestida con
La cáscara sacrosanta
De tu humildad
Tan extensa como tus anhelos
Y desvelos
De reunir especímenes arbóreos,
Como reúne el pastor sus ovejas,
 y conducirlas
A buen recaudo,
Como reuniste tus testimonios
Vegetales,
Capeando las lluvias,
Sangre de la Tierra,
conduciendo al regazo
De tu colosal herbario,
El más completo y repleto
Jamás compilado
En la patria
Del polucionado
Yaque del Norte,
desde tu suelo
referencial original de
Guazumal,
Al escenario académico
De la PUCMM,
Para abrevadero eterno,
De tu discipulado,
Cientistas,
Historiadores,
Periodistas,
En el
relevo
generacional
Interminable,
Navegando
En los afluentes
Como significó
Buesa
“se están yendo siempre,
Pero que no se van”
Que en un murmullo
Inconcluso,
Repetirán
En las eternidades
Sin
final
Y
Confines
 de las edades,
Phullznthus Lindenianus var. Jimenezii
Pitcarnia Jimenezii
Ginoria Jimenezii,
¡Oh!, padre de las constelaciones vegetales.
¡Oh!, padre del bosque dominicano.
¡Oh!, padre de las excursiones heroicas
Y
Referenciales
Para la ciencia
Que te consagran
Como el botánico insigne
Que eres,
el Totem Pole
Del bosque umbrío
dominicano
De los manantiales
Vírgenes
Que abrevaron
Tu sed material,
Sin saciar
jamás
Tu sed
de conocimientos
Y
Tu frenesí
insomne
de
Aportes,
Legados eternos
inmarcesibles
A la flora
La foresta
Y la estructura
Chamuscada
De nuestros bosques
Que en los
Pinos,
Robles,
Caobas,
Guayacanes,
Balatás,
Almácigos,
Cabirmas,
Palo Amarillo,
Guaconejos,
Cayas,
Baitoas,
Ebanos Verdes,
Manglares,
Se yerguen firmes,
Erectos,
 y
en su
lenguaje
vegetal
de
aromas
clorofila
te saludan
las flores
con la fragancia
de la gratitud
Y homenajean
Señalando
la gratitud
como
la memoria
Del corazón
Porfiando,
contestatarias
a quienes
ingratamente
te
olvidan
y
como
 los retoños
tus hijos espirituales
apretujados
demográficos
como las
hojarascas
que
diseminados
pero
firmes
enhiestos
como robles
araucarias
coníferas

te encomiamos
Reconocemos
Honramos,
Amamos,
Como
La savia
nutricia
De sus raíces.
¡Oh!,
Padre del Bosque Dominicano.
eterno,
Como sus especies,
Que te arrullaron,
Con el soplo del céfiro,
De inmaterial compinche,
Con el universo
testigos
de
La avifauna,
Que mitigaron tus
Esfuerzos
Arrullando
Tus tímpanos,
¡Oh! Padre del Bosque
Dominicano,
Que eclosionas
Cada día,
Como los retoños
Y la vida
En
 los nidos,
multiplicando
tu grandeza,
en los coágulos
auríferos
que presagian
en el ocaso,
el final de la luz,
y la diafanidad

radiante
de
los Quasares
de la Vía Láctea,
y las Súper Novas
identificando tu
morfología
en la mayor de ellas
donde moras
como un rebote de
tu propia luz
conciabulando
con tus manes
Linneo
Humboldt
Bolívar
Y tus
Grandes básigas
Rafael Moscoso
Eugenio de Jesús Marcano
Pardo Castelló
William Boyd
Russel Cecill
Hugh O Neill
William Maxon
Emery Leonard
Richad Howard
Arturo Grullón
Liberty Hyde Bailey
Harold Moldenke
Basset Maguire
Frank Gould
En infinitas
Y
Grandiosas
tertulias

Evolucionando
en la noria inmutable
del
retorno de la luz,
saudade
del
aeda
Freddy Gatón Arce
Con su
Retiro hacia la luz
Alusión
Subliminal
A la luz
Que irradias
Como
 cada aurora,
con
el resplandor
aurífero
naranja
bronce
morado
de cada día
en que despuntas
en el recuerdo
de las especies,
y en la memoria
atiborrada de gratitud
justicia
y amor
en quienes entendemos
que eres el
soberano
y más referente
por siempre
¡Oh!, Padre del Bosque Dominicano.



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