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Palabras misa nueve (9) días Ricardo de la Rocha

Redacción | ACTUALIZADO 30.11.2016 - 12:26 am

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Si tuviera que definir en una frase a papi la resumiría en una sola: Un hombre bueno y en eso sé que todos los presentes me darán la razón.

Su bondad lo llevó a no hacerle daño a nadie, ni con acciones ni con gestos. Con gran seguridad les podemos decir, mis hermanos, mami y quienes lo conocieron, que nunca utilizó una palabra descompuesta, un insulto o una diatriba contra persona alguna porque se caracterizó por ser una persona comedida, discreta, callada y considerada para con todos los que le rodeábamos.
   
 ese temperamento de paciencia y parsimonia, le acompañaron actitudes hasta de heroísmo en los años de sus padecimientos de salud donde prácticamente no se quejó, a pesar de que su mente había abandonado sus recuerdos y los mejores momentos de su existencia, lo que hacía difícil que pudiera comunicar sus dolencias.

La suerte es que, supongo que aún en un rincón del olvido y en su memoria borrada, quedaron las experiencias vividas, los viajes realizados, las fiestas, las reuniones celebradas y todos esos buenos momentos que supo disfrutar junto a los viajeros de la paz y del amor, los rotarios y el Movimiento Familiar Cristiano, de los que fue fundador.
Ahora bien, ese carácter apacible y sosegado no lo hacía menos tolerante a sus principios, toda vez que a él nadie le fijaba criterios, su rectitud y honradez  eran innegociables y sobre todo, sus valores éticos y cristianos. Fue un verdadero amante de la iglesia, practicante desde sus años mozos como monaguillo en la iglesia Las Mercedes de Santo Domingo, hasta días antes de su muerte en los que, por no poder asistir a sus queridas misas, le llevaban la comunión todos los domingos a la casa, lo que siempre agradeceremos. De esto da fe su colección de crucifijos -cuya cuenta perdimos- que cuidaba celosamente como prueba de sus innumerables viajes y regalos de sus allegados.
   
De hecho, sus sentimientos cristianos e identificación católica eran tan arraigados y profundos que, aún con la pérdida de su memoria, nunca se le olvidó el padre nuestro, el ave María y algunas canciones de la iglesia.

Precisamente, ese amor a la iglesia fue lo que lo hizo el constructor de muchas de ellas a lo largo del país, como ferviente seguidor de las enseñanzas de Jesucristo y de su madre María, de la que era devoto.
   
Papi predicaba con el ejemplo, no con las palabras. Parsimonioso en su desenvolvimiento, pero firme en su disciplina, responsable y cumplidor, muy prudente en sus expresiones e incapaz de ofender a nadie. Aunque en estos momentos sólo se hablan de las virtudes de los fallecidos, en verdad papi las exhibió en abundancia, no creo que nadie pueda decir que tuvo algún enfrentamiento o malentendido con él.
Nos queda la esperanza y el consuelo de que viviremos a través de él, en su organización para administrarse, en su colaboración callada y discreta para con los demás y en la rectitud de sus actuaciones. En acciones cotidianas tan sencillas como cerrar constantemente las puertas, apagar las luces y evitar el desperdicio del agua o recoger el plato que usaba, siempre sirviendo antes que ser servido. Siempre permanecerá en nuestros recuerdos, además, por las jornadas de darle la leche en biberón a cada nieto, en lo que era un experto.   

Lo tendremos a él al ver lo organizada y comedida que es Magalita (que es quien más se le parece), en la honradez de Ricardito, que fue su ídolo y orgullo, en el afán y dinamismo de que todo quede bien y todo el mundo satisfecho de Isabel Carolina, en lo distraída y el respeto por el uso del dinero y la planificación míos y en la ingenuidad de Carlos Nicolás.  
  
 Sólo nos queda agradecerles a todos su presencia y apoyo y pedirles que, al igual que nos han acompañado en este difícil trayecto, lo sigan haciendo como hasta el momento, especialmente a mami que pierde un compañero de vida, pero que los dejó a todos ustedes y a nosotros para apoyarla.     

Recordemos todos a papi por lo que fue en vida, nosotros como sus hijos somos su mejor legado y llevaremos con orgullo el compromiso de, si no ser como él, por lo menos aspirar a parecérnosle.
   
Nos queda la tranquilidad de que estará en el cielo, en un lugar privilegiado, como dice mi sobrina Paula, ayudando a construir casitas para que las ocupemos nosotros después.

Muchas gracias.-   
 
Ylona de la ROCHA

 


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