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Haití, una solución salomónica

Redacción | ACTUALIZADO 16.12.2015 - 6:26 pm

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Es innegable que los nacionales haitianos que no se pudieron acoger al plan de regularización de extranjeros, más tarde que temprano serán deportados a su país, y si estos desaparecen sin dudas la economía dominicana se sentirá sensiblemente afectada, porque además la industria de la construcción y la agricultura, que es donde está su mayor presencia, sufrirán la ausencia de esa mano de obra barata, teniendo los patronos que ajustarse a las leyes laborales vigentes pagando el salario mínimo y las demás conquistas de la seguridad social para atraerse el trabajador nativo.
  
 No vamos abundar sobre lo que tanto se ha dicho acerca de los haitiano sin aportar soluciones, pero tenemos que aceptar como bueno valido que el programa de regularización de extranjeros, la mayoría haitianos, fue un fracaso, no por culpa del gobierno dominicano, sino de la autoridades haitiana que no le dieron el apoyo logístico necesario a sus connacionales como lo afirmo su ex embajador en el país Daniel Supplice.
   
Lamentablemente los haitianos se han convertido en los parias de la época, en el Caribe que deambulan por el mundo en busca de mejor suerte, pero que nadie los quiere, quizás por su pobreza o el color de su piel, o porque le quitan calidad de vida a los ciudadanos de las países donde emigran.
   
La situación de Haití debe ser motivo de preocupación para nosotros y llamar a la reflexión, porque un día, desesperados por el hambre, podrían tratar de entrar a este lado por la fuerza, en una avalancha indetenible de impredecible consecuencias.
   
Desde hace muchos años se ha estado hablando por lo bajo a modo de globo de ensayo de una posible unificación de la isla, algo que consideramos impracticable simple y llanamente, aunque veamos la historia conocida por todos que narra la biblia.
   
En el libro Primera de Reyes, capitulo 3, versículos del 16 al 28 habla de una disputa entre dos mujeres en la que el sabio Salomón tuvo que intervenir para encontrar un punto de avenencia, como sabio que era este le dio una salida aparentemente equilibrada al conflicto, pero si la que verdaderamente se correspondía, dejando conforme las partes envueltas, y la sangre no llego al rio, como diríamos nosotros.
   
Existen ejemplos en el mundo de países vecinos que por razones de convivencia o conveniencia han fusionados sus territorios con muy buenos resultados, superando de una vez y para siempre sus diferencias en favor de la paz.
   
En el caso nuestro con Haití no sería la excepción, pero sería una solución descabellada ya que somos dos culturas diferentes con idiomas distintos.
   
Según las últimas estadísticas Haití tiene 10 millones 400 mil habitantes, el 78 por cientos de estos son pobres, es decir 8 millones, esa cifra se repartiría equitativamente entre los países de mejores posibilidades económicas del mundo, teniendo Canadá que cargar con la mayor cuota por su condición de ocupar el segundo lugar territorialmente en el planeta con tan solo 35 millones de habitantes.
   
Estos desplazados recibirían la naturalización de los países que los acojan y serian dotados de todos los derechos fundamentales para que trabajen y vivan dignamente.
   
Los que fueron asentados en otros países solo podrían volver a su lar nativo como visitantes con derecho a quedarse si tienen recursos económicos para invertir, los que residen en el territorio dominicano, si se quedan podrían obtener su nueva nacionalidad, pudiéndose movilizar a residir donde mejor le plazca dentro del país.
  
 Luego de ese paso, con el aval de la ONU, lo que era Haití, pasaría a ser territorio dominicano, unificando así la isla la Hispaniola, teniendo la comunidad internacional que encargarse de su reconstrucción total, haciendo de esos 27,750 kilómetros cuadrados un territorio modelo, con todas las comodidades y servicios esenciales,
   
Se izaría la bandera dominicana, el español pasaría a ser el idioma oficial así como sus calles, avenidas, carreteras, autopistas, edificios públicos, ciudades, pueblos, campos y comunidades, y se construiría un museo conteniendo la historia de lo que fue la república de Haití.
   
Y santi amen se "acabo el perro y la rabia “para siempre, pero como dijo el poeta y dramaturgo español Pedro Calderón de la barca "los sueños, sueños son' y acabo de despertar viviendo la misma triste realidad' del problema haitiano.

Por Ramón E. DURÁN


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