27 Junio 2017 10:03 AM

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“Ahí tienes a tu madre”

Serafín Coste Polanco

Serafín Coste Polanco

Serafín Coste Polanco | ACTUALIZADO 19.05.2017 - 5:34 pm

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Mes de Mayo. Es el mes de las madres, de las flores, de la madre Iglesia, de la Madre María de Nazaret y de la madre tierra-Quisqueya. Aunque todos los instantes de la vida son de ellas. Por eso, ese amor agradecido a Dios y a ellas por tantas vidas y gracias alcanzadas por todos nosotros  a través de ellas. Y este Mayo 2017 tuvo otra gracia especial, los cien años de la aparición en Cova de Iría, Fátima en Portugal, de Nuestra Señora del Rosario de Fátima a los tres pastorcitos Lucía, Jacinta y Francisco.
   
Niños analfabetos, pero repletos de inocencia y docilidad,  que merecieran la gracia de que la Madre del Señor se les hiciera presente y los cubriera con su luz celestial y su amor maternal. La Virgen vino a Cova de Iría para que la viéramos. Es la Madre del cielo que no nos olvida, que se alegra con nuestras alegrías pero que se entristece con nuestros dolores, sufrimientos y pecados. Y como sabe ella, nacimos para la felicidad, pero el pecado nos puede arrebatar esa felicidad y crear nuestros infiernos.         Ella, además de aparecerse como gracia a los inocentes pastorcitos, quiso escoger esa inocencia para advertir de los horrores del pecado, de la guerra y del infierno.
   
Pecado, guerra e infierno que nos aniquilan como personas humanas y que no solamente nos destruyen la alegría, fraternidad y felicidad en este mundo, sino que nos condenan en la eternidad y nos arrebatan los deseos de trascendencia feliz que es la razón primordial de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios.
   
Me impresiona de que en las redes sociales de la humanidad, a excepción de los canales y vías católicas, no hubo reseña alguna de ese acontecimiento ni de la canonización de Jacinta y Francisco por nuestro Papa Francisco, hoy santos de nuestra Iglesia. Y lo sabemos, a ese “mundo” no le interesa la felicidad y alegría nuestra. Le interesa el que seamos sus esclavos y como la libertad está solamente en Dios, no presentan en dónde radica la verdadera libertad, alegría y felicidad.
   
Además de nuestras madres en este mundo, tenemos la Madre del cielo, que nos ama, nos protege e intercede por nosotros. Nos dijo el Papa Francisco en la Eucaristía de la canonización en Fátima el pasado Sábado trece de Mayo, “Ella es nuestra esperanza de vida hasta que demos el último suspiro en esta tierra.     Es gracia que Jesús ha derramado en estos cien años de su primera aparición a los pastorcitos. Ella es gracia para todos: enfermos, encarcelados, pobres y abandonados”.      Es Madre que no se olvida de nosotros y sin Ella desaparecen la vida y la alegría, la confianza y la fraternidad, el amor y la sencillez, desaparece la calidez materna que nos humaniza. Ella es esperanza para este camino. Para nuestro peregrinar en el diario vivir, hasta que lleguemos a la paz eterna de Dios.
   
Ella nos dice a nosotros, a la Iglesia Universal, a todos, la manera de existir. Ella es pobre de medios materiales pero rica y repleta de Dios.
Desde Fátima se nos vuelve a anunciar la maternidad, la esperanza y la conversión. La razón irrenunciable de la penitencia, el sacrificio y la oración.
   
Bendiciones y felicidades a todas la madres. Paz eterna a las que moran en la eternidad.



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