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Resucita y cambia de mentalidad

Luis Alberto De León Alcántara | ACTUALIZADO 19.04.2017 - 6:32 pm

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Los cristianos actualizamos cada año la resurrección de Jesucristo en nuestra vida.                
Nos hacemos conscientes de que la existencia no termina con la muerte. Volvemos a recordar que somos seres nacidos para la esperanza, creados para vivir junto a Dios. Por eso pensamos distinto al resto de las personas, es decir, miramos cada acontecimiento desde los ojos divinos, no nos quedamos únicamente con la mirada humana. Elevamos nuestro espíritu para decirle al mundo que detrás del caos, en medio de un mundo confuso, lleno de guerras y enemistades; en una realidad global donde a las personas se les trata como objetos de consumo y no como personas con dignidad, y anunciamos un Cristo que resucita, que nos ofrece una vida nueva.  
   
Sabemos que Cristo resucitó hace más de dos mil años, pero cómo vivimos en una cultura de muerte, en una sociedad light, en un marco sociopolítico donde todo se mide por el impacto económico, se hace difícil para muchas personas percibir la resurrección de Cristo como una novedad, como un hecho transcendental que puede cambiarle el panorama pesimista en que se encuentran sumergidos. Es por esta razón que afirmamos que Cristo no es un mito, una leyenda ni una historia de superhéroes, sino el acto de amor más sublime de la humanidad, el signo que ha dividido los siglos en antes y después de Cristo.  
  
 El ritmo de vida en el que nos encontramos inmersos en este siglo XXI, sigilosamente está llevando al ser humano a perder su capacidad de asombro, a dejar de mirar la sociedad con sentido crítico y a permitir que las personas se conformen con emociones momentáneas e ignoren por completo los valores absolutos, surgiendo así, individuos pasivos. En otras palabras, el tiempo presente está conduciendo a las personas a vivir en una burbuja de comodidades, en un ambiente sin sacrificios y en un constantemente disfrute de los momentos fugases, sin medir las consecuencias de sus actos.
Sin embargo, es en ese contexto que Cristo resucita, que se levanta de la tumba y se presenta ante nosotros como el camino, la verdad y la vida. Como la luz que nunca se apaga, el amigo fiel y cercano, el Dios que siempre escucha nuestras súplicas, el redentor que comprende el interior del hombre y el único que puede devolverle la felicidad que persigue y anhela el ser humano.  
  
 Jesucristo resucita no para dejar al hombre indiferente, tampoco para que siga viviendo en la misma oscuridad o cometiendo los mismos pecados. Al contrario, el Maestro rompe las ataduras de la muerte para mostrarle la vía perfecta, para que cambie de mentalidad y retome el camino correcto. Jesús se levanta de sepulcro para darle al hombre seguridad y confianza, para que continúe luchando aunque caiga y no tenga fuerza para salir del fango. Cristo se acerca para que mire hacia adelante, fije su mirada en el futuro y junto al Mesías también pueda resucitar a una vida plena y real.   



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