24 Abril 2017 1:04 PM

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Atormentada población requiere regreso de calma

Pascual Ramos

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Pascual Ramos | ACTUALIZADO 19.04.2017 - 6:31 pm

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El decir de la sabiduría popular de que: “Después de la tormenta viene la calma”, ayuda en cuanto comprender el gran valor que posee la práctica de la solidaridad, en medio de una sociedad atormentada por el crimen organizado, el narcotráfico, el terrorismo, las guerras y la corrupción pública y privada.  
   
Las acciones que traen consigo el caos, necesitan ser contrarrestadas, para que brille la esperanza, por encima de tantas iniquidades, triunfando la convivencia humana, resurgiendo la calma, impidiendo que continúen ocasionando maldades, los desajustados sociales.  
   
La tranquilidad, es un privilegio del que no se puede disfrutar. Los criminales desafían con éxitos a las llamadas autoridades legalmente constituidas. Esto mantiene en vigilia permanente a los servicios de inteligencia de los gobiernos y jefes de estados del mundo, que parecen no tener una solución efectiva a la problemática.
   
Lo irónico de todo esto es, que el ser humano, de manera consciente o inconsciente, se deja influenciar por aquello que le hace daño o puede destruir incluso, su propia existencia. Por ejemplo, las drogas destruyen neuronas y descontrolan el funcionamiento normal del cuerpo humano. Los anuncios de cigarrillos y bebidas alcohólicas, orientan sobre lo siguiente: El fumar y tomar alcohol, es perjudicial para la salud. Sin embargo, se sigue fumando y tomando alcohol, en cantidades impresionantes.
   
Podría decirse, que se está atrapado en una cárcel, que el propio ser humano ha construido, propiciando su autodestrucción; donde solo hay una rampa, para caer en el vacío del olvido; como alma solitaria, que pende en el abismo fronterizo, entre la gloria de Dios y el infierno esclavizador del denominado diablo de las tinieblas.
   
Argumentar sobre el fenómeno, es cuestión de comprender, que los desajustados, de alguna u otra manera, fortalecen su poder, implantando su manera de ser y de pensar, sin importar lo que pase. La realidad es, que se vive en un ambiente de perseguido. Se sale de la casa, con el pensar, de a lo mejor, no regresar con vida. A los delincuentes se le llama, los dueños de las calles.        

Ellos poseen dineros (lavado)y armas, con las que han podido vulnerar y burlar todo tipo de autoridad.
  
 Un gran porcentaje de la población, por no decir en su totalidad, ha tenido que confrontar algún tipo de atraco, modalidad criminal que siembra el terror entre los habitantes de cualquier comunidad del mundo; por lo que es de justicia, proteger y defender la vida, como característica que diferencia a las personas inteligentes, de ese tipo de gente, engendro del mal; nombre que, por sus acciones, se han merecido.
  
 Lo argumentado bajo la identificación de atormentada población requiere regreso de calma, contiene una alta carga de creatividad intelectual comunicacional psicológica, basada en los estudios realizado sobre habilidades de inteligencia emocional; por lo que se sugiere demandar mayor protección ciudadana, con el objetivo de que las autoridades realicen acciones, procurando que estas sean confiables, ante una población que ha perdido la confianza, en los llamados a poner el orden.



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