16 Diciembre 2017 3:04 PM

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Una mirada a Platón

José Alejandro González

José Alejandro González

José Alejandro González | ACTUALIZADO 19.03.2017 - 5:25 pm

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Desde la perspectiva de la multitud humana occidental contemporánea, inmersa en la vorágine de un mundo sometido al imperio de la tecnología, la ciencia y el consumo de bienes a ultranza, mirar a Platón, oír la voz de su pensamiento resulta ser una anacronia insoportable.   

 Desde los inicios de la modernidad, periodo histórico de la civilización occidental que  comenzó con la ciencia experimental de Galileo y el desplazamiento gradual del teocentrismo cristiano por el egocentrismo del hombre, hasta hoy, cuando tal periodo está finalizando, el pensamiento de Platón solo tiene el valor de una referencia histórica. Sin embargo, a pesar del cumulo de valiosos pensamientos de filósofos, científicos y teólogos quienes durante más de cinco siglos de modernidad han intentado dar con el fundamento, principio y ser de todas las cosas, el pensamiento platónico aun ofrece algo de sosiego al ánimo disperso del hombre actual. Platón de Atenas nació en el año 427 antes de nuestra era, en el seno de una de las más antiguas y aristocráticas familias de aquella histórica ciudad-estado. Aristón, descendiente de Codro el último rey del Ática fue su padre. Su madre Perictione era sobrina de Solón, el famoso legislador ateniense. La vida privada de Platón es casi desconocida, la excepción a esta circunstancia son los viajes que realizo a Sicilia, de los cuales hay mucha información. Para asiduos investigadores de su vida, siendo Platón vástago de una familia de posición económica holgada y de linaje aristocrático, debió haber recibido la mejor educación posible en aquella Atenas posicionada en los propileos de su grandeza. En un pasaje del Protagoras dice el filósofo del proceso educativo de su ciudad- estado:

``Desde la infancia y por toda la vida, se suceden las enseñanzas y exhortaciones. Tan pronto como el niño empieza a comprender el lenguaje, la nodriza, la madre, el pedagogo y el mismo padre se esfuerzan sin descanso por comunicarle toda la perfección posible. Con ocasión de todos sus actos o palabras, le prodigan las lecciones y ejemplos sobre que esto es y justo y aquello injusto; esto bello y aquello feo; esto piadoso y aquello impío: ¡Haz esto y no hagas aquello! Si obedece por sí mismo, nada mejor; y si no, como si lo hicieran con una vara torcida y encorvada, lo enderezan con amenazas y golpes.

Después de esto se le manda a la escuela; y lo que más se le encarece al maestro es la decencia del alumno antes que su aprendizaje en las letras o en la citara. En todo ello pone su cuidado el maestro, y una vez que los alumnos han aprendido a leer y escribir, y entienden las palabras escritas como antes las habladas, le hace aquel que, sentados en sus bancos, lean las obras de los grandes poetas y les obliga a aprenderlas de memoria, por estar llenas de buenos consejos, de episodios y elogios en gloria de los héroes antiguos, a fin de que el alumno, lleno de emulación, les imite y conciba el deseo de parecérseles``. Valga la cita para la época actual tan descuidada en la formación educativa del hombre. Antes de su encuentro con Sócrates, parece cierto que, a pesar de su juventud, ya Platón había conocido los escritos de filósofos que circulaban en los medios de aquella intelectualidad ateniense: Heráclito, Parmenides, Xonofanes, Zenón, Empedocles, Anaxagoras y los pitagóricos.    

De estos Heráclito, Parmenides y Pitágoras serian los que habría que destacar por su influencia en el joven Platón. Sin embargo, sobre ellos se impone la influencia determinante de Sócrates, con quien convivió entre los veinte y los veintiocho años de edad, hasta la muerte del maestro. Por ello la filosofía platónica es una filosofía fundamentalmente ética, a pesar del lugar que en ella ocupan las especulaciones cosmológicas y metafísicas. Su teoría de las ideas es definitivamente una teoría de los valores, concretamente de aquellos valores que tienen que ver con la conducta humana: lo bello, lo bueno, lo justo, lo santo. La importancia del mundo inteligible consiste en que de la Idea del Bien depende la conducta del hombre individual y de la sociedad. Para muchos estudiosos del pensamiento de Platon existen en su obra seis grandes temas que son los siguientes: la virtud, las ideas, el alma, el amor, la educación y el Estado.

Cronológicamente el tema de la virtud sobresale en importancia entre los grandes temas citados. Es el tema predominante en la filosofía de su maestro; por hacerla conocer y amar de sus conciudadanos vivió y murió Sócrates.               

 La virtud es toda forma de merito personal o de excelencia que el ciudadano adquiere en cualquier género de actividad que realice durante su existencia. En diferentes diálogos Platón enumera virtudes, descomponiendo el concepto unitario de virtud en una pluralidad de virtudes. Estas son: la sabiduría, la templanza, la fortaleza, la justicia y la piedad. Ninguna más habría de añadir el filósofo, excepto que desplazaría la piedad a la justicia. Desde Nietszche hasta los posmodernistas estos valores son considerados valores desvalorizados que deben ser sustituidos.        


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